Ciencia Ficción
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domingo, 23 de junio de 2013

LOS CADÁVERES NO SANGRAN, LOS DIOSES TAMPOCO.


Warm Bodies no es una película tradicional de zombis. Lo noté en la primera escena, cuando descubrí que la voz que narra le pertenece a un zombi. A principio de año leí literatura “Z” por el interés de escribir una historia bajo sus elementos (la escribí, la edité, pero no he querido compartirla, probablemente en octubre la publique NsB en un libro que presenta dos historias “Z”, la mía y la de Richard Sabogal). Pero no leí una historia similar a Warm Bodies, donde el protagonista es un zombi que va narrando su transformación luego de tropezar con una chica a la que ni siquiera intentó comerse, porque se enamoró.

Arroja datos inéditos dentro del mundo “Z”, por ejemplo, los zombis disfrutan comer cerebros porque así pueden sentir y ver los recuerdos de sus víctimas, lo que es equivalente a soñar, algo que ya no pueden hacer. También es interesante el hecho de que introduce un orden social, por decirlo de alguna forma, están los zombis y los huesudos o esqueletos. Los huesudos son los opresores del mundo de los muertos, ellos han perdido todo rasgo de humanidad, se creen los dioses del mundo, creen que pueden devorarlo todo y esclavizar a otros, consumen sin consciencia, caminan con aire de superioridad, como si el mundo fue creado para ellos, como si todo lo que respira debe inclinarse ante ellos y sufrir la ira del hambre que los hace existir.

En la película están los humanos, los que no han sido infectados por la enfermedad que hizo del mundo un desastre, sin embargo, mientras el protagonista va narrando establece un paralelismo interesante permitiendo ver que los seres humanos ya estamos infectados, que hemos ido perdiendo o entregando ese calor humano que nos permite vernos en el otro y amarnos en el otro. Vamos caminando sin mirar a nuestro alrededor, ensimismados, ambicionando sólo para nosotros, movidos por hambre, capaces de destruir, sin ánimo de construir.

El zombi protagonista no recuerda su nombre, sólo recuerda que comienza con la “R”, y decide que “R” es un buen nombre para él. Julie entra en escena, es la hija de un militar que gobierna una villa, que bajo la excusa de sentirse obligado a proteger a los que habitan la villa se ha acorazado con un carácter inquebrantable y está decidido a matar a todo zombi frente a él. Julie se asombra al conocer a “R”, hasta el momento pensaba que los zombis eran todos monstruos, pero ve rasgos de humanidad en “R”, y en una escena le confiesa “tú te esfuerzas más que los humanos que conozco…” Y es que “R” se esfuerza más porque ha reconocido que no es lo que otros le han dicho que es, no es un zombi, aunque está muerto y su instinto lo lleva a comer humanos él no entiende por qué no puede tener una amiga humana y protegerla, incluso llevarla a su casa.

La película transcurre y “R” va descubriendo que puede sentir alegría y tristeza, y una noche hasta tiene un sueño en el que Julie le dice que la humanidad necesita “exhumarse”. Una horda de zombis los ve un día tomados de la mano y despierta en ellos el mismo sentimiento que despertó en “R”, hasta logran soñar también. Otra de las líneas del diálogo que me llevó a reflexionar fue pronunciada por Julie: “la aceptación es la cura”. Reconoció que la cura para el mundo que conocía no estaba en exterminar todo aquello que era diferente a ella y los suyos, tampoco en intentar una transformación, sólo debía aceptar al otro y darle la oportunidad de estar cerca y de vivir también, la transformación necesaria sería consecuencia de la aceptación. Pronto “R” y muchos de sus amigos zombis fueron volviéndose humanos, el corazón les volvió a latir, aunque nadie podía notarlo, ellos podían sentir que estaban curándose.

El padre de Julie y su ejército se ven amenazados por un batallón de huesudos o esqueletos que intentan tomar la villa para alimentarse y “R” y sus amigos zombis se unen a los humanos para enfrentar a los huesudos. Luego de la batalla y la retirada de los huesudos “R” y Julie quedan frente a su padre, ella lo protege pero su padre dispara y una bala perfora el pecho de “R”, Julie voltea hacia él y lo ve sangrando, su rostro refleja miedo, dolor, pero sonríe, y cambia la expresión de inmediato: “R, estás sangrando, estás sangrando, los cadáveres no sangran…” Y esa sangre, brotando desde el pecho de “R” fue la prueba que necesitaba el padre de Julie y todo el ejército para finalmente aceptar que podían vivir entre los zombis y establecer una nueva dinámica social.

Los cadáveres no sangran, eso es cierto. Los zombis no existen, tampoco los huesudos, los humanos no necesitan refugiarse en una villa… Pero yo conozco una parte de este mundo que habito, donde hay líderes opresores, huesudos, esqueletos, a los que solamente les importa el hambre que sienten, hambre de ser prestigiosos, de tener bajo su mando súbditos que actúen según la voluntad de ellos, que han sido capaces de vestir de sagrados sus métodos y convertir en dioses sus instrumentos, haciéndose ellos iguales a un dios, sutilmente, para no ser descubiertos. Muchos de esos huesudos ni siquiera están ya conscientes de lo que hacen, porque la consciencia de ellos es el hambre que los azota. Para ellos lo sagrado les sirve, y algunos han tomado al Cristo para sus fines, secuestraron su imagen y trastornaron el símbolo que representa. Así, dicen que el Cristo es dios, y ellos sólo hacen lo que el Cristo les ordenó. Y más debajo de ellos están los zombis, esos que aceptaron que los huesudos están al mando porque fueron elegidos, que no se acercan directamente al Cristo, sino que se acercan a lo que aquellos dicen que es el Cristo, porque han sido condicionados a eso.

“Los cadáveres no sangran…” Cuando escuché a Julie gritar con alegría, vi al Cristo en su cruz. Agonizando, con la mirada perdida, con su “tengo sed”, con su “por qué me has abandonado”, con su “consumado es”, “ya está, llegó el fin, mi fin, estoy muerto…” Algunos dicen que la tierra tembló, que la hora se hizo más oscura, que el cielo tronó, y tantas cosas más. Yo creo que esos son artilugios del narrador, para hacer asombroso el momento, para desviar la mirada del Cristo y obligar a que se miren los elementos que dan a entender que el hombre en la cruz no era un hombre ordinario sino un dios. Antes funcionaba conmigo…

“Los cadáveres no sangran…” Cristo en la cruz, yo no podría alegrarme ya de su muerte, llevo años reflexionando en su muerte, viendo en ella una razón para seguir intentando cambios a mi alrededor, porque no es justo que un Cristo sea crucificado, y no es justo que eso siga pasando, pero nos dijeron que debemos celebrar su muerte, porque él es un dios y su muerte nuestra redención. Pero los dioses no sangran, y allí en la cruz el Cristo sangró y dicen que su sangre limpió los pecados del mundo, pero no me convence ya esa teología “huesuda, esquelética”, vestida de sagrada para oprimir, esa teología que distancia al hombre de la vida del Cristo, que lo redime, sí, lo redime, pero de su obligación de imitarlo en el afán de establecer justicia social e igualdad de derechos, de imitarlo en su afán de volcarse en contra de los sistemas que oprimen con ideologías y políticas inhumanas.

Los dioses no sangran, y lo digo con alivio. El Cristo sangró, y su sangre era sangre humana, de la nuestra, de nuestra raza. Sangró y su sangre lejos de ser una poción mágica cristianizada, es la razón para colgarnos en él, y hacerlo vivo en nuestros actos y palabras. Con alegría grito que el Cristo sangró y los dioses no sangran, con alegría sin celebrar, pero con mis ojos brillando de emoción, porque uno de los nuestro demostró que se puede ser ente de bienestar social, que podemos ser útil al otro, aceptarlo, amarlo, extenderle la mano, invitarlo a nuestro circulo, hacerlo nuestro circulo, hacernos el suyo. Una teología “Cristo-céntrica” no puede pretender partir desde la muerte del Cristo para vestirlo de dios y decir que su muerte transforma al mundo, señores: es evidente que no, el cristianismo fundamentado en esa teología ha servido para establecer escenarios de muerte y opresiones, y hablo en términos generales, y echemos un vistazo a la historia, porque esa teología lejos de ser “Cristo-céntrica” es “muerte-céntrica”, y genera muerte, y es raíz para que actitudes esqueléticas emerjan.

Impresionantemente, dentro de la esfera cristiana son los movimientos que se divorcian de las actitudes enraizadas en la teología muerte-céntrica los que logran establecer beneficios para el aparato social desde sus estructuras. Una teología “Cristo-céntrica” debe partir de la vida del Cristo, debe reconocer que él fue evangelio encarnado, su comportamiento, su actitud; la buena noticia no es su muerte, la buena noticia es que el Cristo vivió, fue entre los hombre, fue hombre entre hombres, ser humano, y que su humanidad refleja cuál es nuestra naturaleza, que ninguna doctrina de depravación o naturaleza pecaminosa debe impedirnos imitarle y ser mejores, ser lo que realmente debemos ser.


En Warm Bodies, los huesudos o esqueléticos se extinguieron cuando ya no habían zombis al servicio de ellos, cuando los humanos decidieron enfrentarlos. Unámonos en la humanidad del Cristo, vamos a sabotearle el juego a los huesudos que nos vienen con sus teologías esqueléticas, armemos una teología cristo-céntrica, para combatirlos, una que se establezca sobre las bases de la aceptación y el amor, tal como lo modeló el Cristo, una cuyo fin sea la apertura un escenario humano de unidad, de hermandad, y no de proselitismos y prestigios, que la igualdad en diversidad nos arrope y que el Cristo sea nuestro símbolo, que en su muerte podamos ver la necesidad de vencer la opresión no sólo la que nos jode a nosotros sino al otro también. Y recuerda, “los cadáveres no sangran, los dioses tampoco…”

miércoles, 10 de abril de 2013

DE NUEVO RUBIA.


Rubia fue mi primera novela escrita. Mi primera novela finalista en un concurso. Mi primera novela publicada. Mi primera novela en amazon. Mi primera mirada a mí mismo luego de romper con las herencias ideológicas, religiosas e históricas que me tocaron. Rubia es además quien me bautiza como escritor y me quita un poco el miedo y la vergüenza de sospecharme escritor (un poco solamente). Además, Rubia es mi primer intento en el Premio de Literatura Rómulo Gallegos, en la edición cuyo fallo corresponde al año en curso. Sea que figure entre los finalista o no, quedará escrito en mi memoria que fue la novela con la que intenté por primera vez obtener el premio con el que sueñan los escritores latinos. Y que se sepa que será el primer intento, pues desde esta edición el jurado tendrá que evaluar en cada edición una obra mía, pues soy terco e incansable.
Ella me ha traído buenos amigos, gracias a ella muchos nombres están almacenados en ese baúl de amigos verdaderos que formarán por siempre parte de mi historia. Entre ellos debo mencionar a Febe Mendoza, quien me acompañó desde su creación, quien recorrió los laberintos de la trama en tiempo real y me enseñó a contar historias. Siempre diré que no me atrevería hoy a escribir para ser leído si el nombre Febe Mendoza no estuviera en mi memoria. Y así muchos que no sólo han sido lectores sino que también se hacen hoy propulsores de la historia y canales para que mi Rubia sea recorrida por la mirada de otros.
De nuevo Rubia irrumpe en mis rutinas, tras la posible publicación impresa en Costa Rica me vi obligado a jugar con ella una vez más, la leí de nuevo e hice algunos cambios en su presentación enumerando esta vez los capítulos. Y hoy quiero reflexionar a partir de ella.
Aunque lleva su nombre hoy puedo decir que el asunto principal de la novela es el odio. Recuerdo que durante años el cristianismo me enseñó que el odio es una influencia del maligno que mancha nuestra existencia y nos hace indigno frente al dios. El odio, me enseñó el cristianismo, nos condena a la muerte eterna, al infierno, a la condenación. Ante la grave problemática, así concebido el odio por la religión cristiana, se nos ofrece una salida: la redención. Y esta redención es una especie de manto mágico que arropa al hombre y pretende hacerlo inmune de la influencia demoníaca representada por el odio, entre otras cosas. El asunto es que, dada nuestra condición humana y nuestros condicionamientos y “educación”, el odio no se disipa con mantos mágicos, sino que sigue infectando nuestras emociones, sólo que a veces, por las rutinas que impone la religión, logramos distraer el sentimiento negativo.
La verdadera redención del hombre es el conocimiento de sí mismo. Lo entendí cuando decidí abandonar el cristianismo y caminar con mis propios pies y ver a través de mis ojos. Por ese tiempo comenzaba a escribir Rubia, centrado en un personaje marcado por una vivencia que la lleva a odiar al abuelo y todo cuanto significó su abuelo para ella. De manera que Rubia odia su entorno, su vida, odia el amor, odia el porvenir, todo lo que puede ver o recordar lo odia porque todo ello fue su abuelo.
Hoy tengo el coraje para admitir que el odio de la chica de mi novela era mi odio, su abuelo era mi cristianismo y lo odié, por robarme mi niñez, mi adolescencia, mi juventud, por estar en mis recuerdos, por creerlo porvenir, lo odié porque me infectó y me hizo creer que el mundo era de una forma y al despertar pude entenderlo de otra. El abuelo de Rubia fui yo mismo, engañado por mí mismo, truncado por mí mismo, esperando siempre que las cosas sucedieran de una forma mágica, perdiendo el tiempo que pude haber diezmado en esfuerzo e intentos. Como Rubia busqué sanar mi odio de distintas maneras, porque así fui condicionado, creyendo que las respuestas a los problemas propios pueden encontrarse en fuentes externas. Pero comprendí, no muy tarde, que la redención está en el conocimiento de uno mismo. En saber quién soy, por qué soy, hacia dónde soy, desde dónde soy. Rubia invita a contemplar las posibilidades que siempre serán fallidas y a aceptar con coraje la responsabilidad de nuestros pasos, nuestra responsabilidad con nosotros mismos, al final es la respuesta correcta.
Ella es una lectura amplia. Rubia es la misma América Latina buscando su identidad, reconociendo en cada paso, a través de las décadas, que sus problemas necesitan soluciones que emanen de la latinidad, de la identidad propia. Rubia es una invitación a tomar el control de uno mismo y evaluarnos, decidirnos por la construcción de nuestro porvenir, decidirnos por avanzar a ritmo propio, desconociendo las herencias que nos han encerrado en los laberintos conflictivos, desafiando lo ya establecido para así encontrar salida y un mañana. En ella dibujo la tierra donde nací, el pueblo que fue mi cuna: Aroa, Estado Yaracuy, muestro matices del cerro que conquistó mi abuelo Segundo Crespo y hasta incluyo su nombre en la trama. También dejo ver cómo percibí a la ciudad de Cabimas cuando recién llegué, y hasta cómo percibí los cambios políticos que iniciaron en 1999. A través de Rubia podrán conocer El Consejo de Ciruma, un pueblo que, de no existir, sería la ficción mejor elaborada. Tomo del pueblo algunos mitos, dibujos otros inspirado en los ancianos que conocí allí.
Rubia es un resumen de mi historia hasta el año 2008 y es además parte de mi historia desde entonces, siempre volveré a ella, a Rubia, siempre miraré sus ojos azules, míticos y místicos, siempre recorreré las calles que son suyas. De hecho, Rubia jamás dejará de ser parte de mi realidad pues siempre tendré que visitar El Consejo de Ciruma, y desde hace diez años pienso que tal vez al llegar a la vejez me encierre en ese pueblo para reflexionar en mis días desde mis últimos días. Espero un día, amado lector, tengas la oportunidad de leer a mi Rubia y puedas decirme cómo me vez a través de sus ojos. 
Les invito a visitar el blog de la novela: http://www.minovelarubia.blogspot.com/ 

martes, 9 de abril de 2013

CONCURSO DESDE VENEZUELA.


Apreciados LECTORES, es de mi agrado mostrarles las bases de este sorteo. Me uno a KassFinol para hacerlo posible.
Como en este mes ambos publicamos esos dos libros, nos unimos para realizar este fácil sorteo.
Bases: (Pueden participar desde cualquier país)
1.- No se realizará el sorteo si no hay un mínimo de 40 participantes.
2.- Deben publicar esta imagen con sus bases en facebook o blogger y dejar los link debajo de esta entrada.
3.- Ser seguidores de estas tres páginas:
Y les dejo el link de la página Regeneración:

martes, 19 de marzo de 2013

LUIS EDUARDO AYALA PÁEZ: REGENERACIÓN ES REALIDAD EMULADA Y FANTÁSTICA.


Reseña escrita por Luis Eduardo Ayala Páez.
Escribir es una tarea ardua, compleja y llena de riesgos. Asumir el tiempo y el espacio para desarrollar un entramado mágico, envolvente, en donde brote la vida, es una labor muchas veces complicada. Por ello, lograr la atención del lector es un don sólo para elegidos, porque sólo ellos saben capturar la mirada curiosa de los lectores, motivo por el cual hace que este gozo sea para muchos inalcanzable.

Las novelas generadas en nuestro país en los años 70 marcaron el rumbo de la novelística actual de nuestras letras, afianzaron el panorama, propusieron sus formas y técnicas, lamentablemente llegando a su ocaso en los años 90. Desde allí la novela venezolana ha menguado, mermando en calidad y producción.

Desde ese tiempo son pocos los nombres que sobresalen. Sólo nos podemos quedar con los latidos de un José Balza, resonando con su novela “Percusión”, como lo mejor escrito en esa década. El paisaje actual de la novela escrita en nuestro país es desconcertante.

Sin embargo, como un torrente de vigor y rigor narrativo, sale a la luz la producción novelística de un joven escritor venezolano, Gusmar Sosa.

En su propuesta narrativa la realidad es trastocada, planteando miradas múltiples, llenas de un toque maravilloso, a veces mezclando la luz y la oscuridad, dualidad presente siempre en los acontecimientos diarios.

En esta narrativa se entrecruza la realidad con la inventiva creadora del poder de fabular de Gusmar, produciendo un relato fantástico e insólito, igualmente, verídico.

Yo llamaría al andamio filosófico, narrativo y poético que conforman a ésta, su más reciente novela, “Regeneración”, como una novela de realidad emulada, realidad extraída de un hecho sonoro, que  pasa a ser redimensionado, cubierto y protegido por un halo fantástico.

Roberto, el personaje principal de la novela, es una figura inquietante y enigmática por su don de regenerarse a sí mismo, que lo hace inmune al fuego que se desarrolla en la factoría donde se desenvuelve parte de la historia. Es un personaje humano, que tiene los mismos miedos y culpas que todos sentimos de vez en cuando, que dejándolos a un lado, asume el acto heroico de adentrarse en las llamas y cambiar la situación.  Roberto es un héroe derrotado y de redimido a la vez. 

En “A puertas cerradas”, de Jean-Paul Sartre, un conjunto de personas son sumergidas en un infierno doméstico, hecho que los incita a flagelarse entre ellos, haciendo germinar las pugnas y  los tropiezos. Por el contrario, en la novela de Sosa, sucede lo inverso, el infierno es real, las altas llamas cubren todo, llegan al techo como tentáculos de fuego, propagando un humo denso color piedra, que los ahoga. No obstante, aquí la esencia humana muestra ese don olvidado: la solidaridad, que surge de la fragilidad.

Los personajes de “Regeneración” se despojan de resentimientos y culpas, propiciando entre ellos un sosiego que los ayuda a sobrevivir en el infierno.

En estas contradicciones reales, en estos sobresaltos, “Regeneración” asume un punto de flexión en el ámbito de la novela actual del país, porque se ocupa, sin divertimentos, de un hecho real y lo vuelve la semilla de una gran historia, que no se aleja de su otro aspecto más importante como lo es el hecho de hacer una crítica pondera a muchas de esas contradicciones que desde la realidad impregnan la historia de la novela. Recordando con ello, las teorías estéticas de Georg Lukács, quien en sus ensayos demuestra y hace patente estas dualidades. 

Sosa asume correctamente estas intrincadas y inasibles contracciones, volcándolas con éxito en la trama, al nombrarlas y hacerlas parte de la novela permite elaborar una crítica de las mismas desde la ficción, en esa realidad emulada, llena de vida y elementos enigmáticos, fantásticos.

“Regeneración” es una novela que se yergue como una propuesta literaria interesantísima, que nos hace pensar en la recuperación de lo mejor de nuestra narrativa, trayéndonos una historial original, es una novela que sale del inventiva de su autor, de su prosa ingeniosa, alejada de superfluos y exabruptos, que atrapa y atrae, que nos envuelve poco a poco con su potente historia.

Es una novela que abre nuevos senderos en nuestras letras, que nos anima a confiar en lo que se viene haciendo. “Regeneración”, no sólo es una excelente lectura, es también una novela de un profundo contenido.  Acerquémonos a ella querido lector, adentrémonos en sus páginas, dejemos que la prosa de Sosa nos sumerja en la fascinante historia de “Regeneración”. 

viernes, 15 de febrero de 2013

REGENERACIÓN YA ESTÁ EN AMAZON...


“Regeneración, Parte 1: Incendio en la Planta Amuay” es una novela corta, de 83 páginas, doce capítulos, de 19.030 palabras, 114.142 caracteres, 370 párrafos y 1.999 líneas. Doce personajes principales la componen, y otros tantos que pasean a través de la historia. Es la primera entrega de una colección de novelas que pretende conquistar desde Latinoamérica la ficción escrita. En ésta entrega se dan a conocer los personajes que protagonizarán las siguientes series. 


Basada en un evento real, la portada del libro es la fusión de los dos colores que mancharon el amanecer del 25 de agosto en Venezuela: luto y sangre. Tras la explosión en una de las plantas refinadoras del país, donde perdieron la vida trabajadores y rescatista, Gusmar Sosa, autor de la obra, conmocionado por el evento que se transmitía como noticia a través de todos los medios nacionales, decide escribir un cuento en homenaje a los caídos y un mes después convierte el cuento en “Regeneración, Parte 1: Incendio en la Planta de Amuay”.

En la novela se toma la explosión como punto de partida para la historia, y a medida que pasan las horas de agonía el lector podrá encarnar a un observador que se sitúa desde distintas dimensiones contemplando la desesperación, la esperanza, el misterio, las teorías y cada elemento que emerge desde el hecho central. Paseará por la psiquis de los personajes, conociendo sus pasados, transitando con ellos por el presente y soñando junto a ellos con el futuro. 

Es una novela fantástica, de tono oscuro, de fondo ficticio, anclada en la realidad, de suerte negra, arrojando una forma de entrega que no resulta complicada para el tránsito ni permite tropiezos para la comprensión. La lectura se digiere fácil y da espacio para especulaciones o suposiciones.

A poco tiempo de su publicación en formato e-book desde la plataforma de amazon ya cuenta con comentarios positivos que puedes leer en el blog de la novela: “Regeneración”.
 
También puedes leer el capitulo uno aquí o aquí.

Si deseas adquirirla pulsa aquí.

Además, desde distintos países amigos del autor enviaron sus fotos apoyando el lanzamiento de la novela, puedes ver las fotos aquí.

lunes, 21 de enero de 2013

REGENERACIÓN NO ES CIENCIA FICCIÓN NI FANTÁSTICA, ES NARRATIVA NEGRA... RESEÑA DE RICHARD SABOGAL...


Mi novela corta, "Regeneración", ha sido objeto de críticas por parte de buenos amigos, entre ellos Rafael Ayala Páez y Scarlet Gómez Romero. El primero inclina mi novela hacia el género de Novela Fantástica, y Scarlet sostiene que tiene elementos de Ciencia Ficción. Ahora, Richard Sabogal la sitúa dentro de la narrativa negra. A continuación su reseña:

Anoche, luego de distraerme viendo la serie "El Barco", a las diez y media de la noche, saldé cuenta con un gran amigo que quería leyera su libro, que saldrá pronto con "Neblina Publicaciones" o Negro sobre Rojo como yo jocosamente le dije por los dos colores de la portada que semióticamente aluden al rojo de la sangre y al negro del petróleo o la negra que la pasan las víctimas. Ese amigo es Gusmar Sosa y su libro es “Regeneración Parte 1. Incendio en la planta Amuay”. 

Yo leí el cuento que dio origen a éste libro, si mal no recuerdo ese cuento iba a su colección de "Cuentos Ateos". Para ser sincero el cuento es bueno,  es interesante ver ese personaje que no se muere, pero ya, lees el cuento y ya. Este libro es algo muy distinto al cuento, algunos personajes se encuentran pero muchas cosas cambian, la madurez de la historia impresiona.

Debo empezar por aclarar una duda que hasta el autor tiene, dice que Regeneración es un libro de ciencia ficción o con matices de éste género, en absoluto, no tiene nada de ciencia ficción, puede confundir fácilmente por esos personajes con dones, pero a pesar de sus características son patrones que una que otra vez se han visto en algún programa sensacionalista de televisión en personas reales.

Dentro de la literatura hay varios autores que manejan estos dones, uno de ellos, el que tengo más a mano ahora, es Isabel Allende con "La Casa de los Espíritus", allí vemos a una mujer con poderes psíquicos que conoce más allá de las realidades nuestras. Dentro de la ciencia ficción, las verdaderas historias de ciencia ficción, está Terry Pratchett con sus historias de brujas y magos y el Mundodisco, Larry Niven con  sus historias en otros planetas, Asimov con sus leyes de la robótica o sus conocidas obras llamadas Fundación. En fin, el mundo de la literatura de ciencia ficción es tan enorme, tan extenso y maravilloso, que necesita conocerse mucho sobre ciencia, sobre tecnología, porque incluso autores que escribían en los setenta manejaban términos tecnológicos que ni siquiera nosotros aún conocemos.

Regeneración entra dentro del género negro, narrativa negra, por la suerte de sus personajes, género que curiosamente el autor ha manejado en prácticamente todas sus obras. “Rubia”, su primera novela publicada bajo el sello Negro Sobre Blanco Editores, a pesar de su viaje al interior de su personaje, es una mujer que esa suerte, ese pasado, la lleva a parecer un alma en pena por gran parte de la obra. “Cuentos para Morir Leyendo”, una colección de ocho cuentos que Gusmar Sosa escribió junto a éste servidor, ni hablar, y es que casualmente hace pocos días una escritora estadounidense decía en una entrevista que la narrativa negra iba más allá de tener una historia con un policía y un asesino, el género ha madurado y sus historias van con mucha más profundidad en sus personajes, curiosamente su novela, la que presentaba esta escritora era la historia de un hombre o una pareja, y llegaba hasta el tuétano de su alma, cosa que Gusmar hace en sus obras.

Ahora, habiendo definido el sitio donde yo, Richard Sabogal, coloco a Regeneración, profundicemos en su historia.

La historia se abre con un hombre prendido en llamas que va despellejándose poco a poco, es en cierto modo el protagonista de nuestra historia, aunque cada personaje tiene un peso importante dentro de la obra, éste hombre, es el único que se acerca en un ápice a la ciencia ficción, no puede morirse, y él lo desea, ahí pierde su rasgo de ciencia ficción. Gusmar profundiza en este personaje, su pasado trágico, por cierto un juego literario que cuando lo aplica le queda estupendamente bien, juega con los espacios  y en pocos párrafos nos cuenta sucesos en líneas diferentes de tiempo y al final del segundo o tercer párrafo ya nos sentimos identificados o atraídos por ese personaje y continuamos leyendo esperando tropezar de nuevo con él.

Nos conseguimos a un bombero, un buen hombre, que sufre viendo como Amuay, verdadero protagonista de la historia, se consume en llamas, tal como en realidad ocurrió el pasado 25 de agosto de 2012. Este hombre apagallamas se asemeja a Gusmar, es un personaje que siempre anda pendiente de lo injusto pero también de las conspiraciones. El bombero sigue las conspiraciones o posibles conspiraciones con una gran pasión, y aquí Gusmar comienza a desarrollar otra faceta de historiador, la cual dejó bien parada a Rubia, su primera novela, pero a su vez incrusta en la consciencia del personaje un conocimiento internacional que aborda con equilibrio sin dejarse llevar por emociones, éste atributo es uno de los grandes rasgos positivos de Regeneración. Es entonces como el bombero atribuye que el hecho de Amuay pudo ser provocado, como se maneja en los bajos fondos que fue realmente, y a partir de allí nos vamos sumergiendo en la historia, viendo a un hombre ajeno al hecho, que está pensando más en cómo poner fin a su sufrimiento, y a otro queriendo apagar el incendio y pensando en el status quo de la situación. Pero el bombero no es solamente un hombre de corazón noble, tiene su don, un don extraño por cierto, algo similar a una intuición que va mas allá de lo que conocemos por el término y este personaje jugará un papel importante dentro de las llamas de Amuay.

A Roberto Infante, el hombre que no puede morir, nos lo iremos encontrando dentro de la historia repetidas veces, siempre compartiendo su sufrimiento y esa agonía de tantos años, a la vez que nos vamos encontrando personajes en otros planos de la tragedia. Luego de ver a Roberto, y al bombero, Gusmar nos lleva a alguien que en otra latitud ve a través de la televisión la tragedia y piensa en sus seres queridos que trabajan allá, otro aditivo que nos va sumergiendo aun mas en esas horas de fuego y sangre.

Es común encontrarnos dentro de las historias de Gusmar personajes con diatribas religiosas, nunca falta un ateo, o un personaje que cuestione las palabras que los religiosos defienden a diente y espada,  y por supuesto tampoco falta un religioso, pero es tanta la pasión por cuestionar las incoherencias de la religión que ese personaje religioso se comienza a preguntar cosas que no comprende y que la iglesia le prohíbe preguntarse, en esta historia no podía faltar, y lo interesante es que no lo hace tedioso, sino reflexivo y queda intrínseco en la historia: “Para su padre el alma no era más que otro concepto controlador a disposición de la religión y su mecanismo proselitista, tal vez a su padre no le preocupaba el destino de su alma…” dice en uno de sus párrafos.

Continuando con esa crítica mordaz, ahora viajamos al lado de los reporteros, quienes como buitres están pendientes de devorar el hecho, por un lado intentan colocarlo como si fuera una provocación y aseguran que el gobierno lo tenía controlado y por el otro como si fuera la destrucción total. A su vez viajamos al corazón de las llamas, a una garita que está que se la come la candela y a un grupo de personajes, entre ellos uno que lleva mi apellido y el cual no tuvo gran relevancia, cosa que me decepcionó porque cuando iba a esa altura de la lectura y veía personajes tan fascinantes no pude evitar preguntarme cuál seria el poder de ese hombre con mi apellido, seguramente hasta primo mío, no sé. Dentro de esa garita ocho personas angustiadas desean salir, la que tiene un don es Miriam Salazar, mujer que tiene la batuta de la situación y que además nos hace sentir ese pánico entre las llamas, esto aunado a los demonios internos de cada uno dentro de la garita y el poco oxigeno que les va quedando con cada minuto que transcurre.

Luego el autor nos mete en la cúpula política donde vemos al presidente, al vicepresidente  y varios líderes bajo los ojos del sargento Tomás Zambrano, quien tiene su propio infierno dentro, pero que con aplomo asume el reto de salvar Amuay, todo a raíz de una promesa hecha a su padre.

Dentro de la historia vemos todo el tiempo un desarrollo del momento, de las llamas, hacemos regresiones con cada personaje, pero el autor reflexiona sobre un post evento, lo que ocurrirá con todos esos afectados, damnificados y nuevamente juega con esa realidad: “Sabía lo que sucedería, los afectados serían ubicados en escuelas, polideportivos, complejos y otras instituciones administradas por el gobierno, con la promesa de una pronta solución a sus problemas, el gobierno intentaría un acuerdo con el sector obrero para una alianza a fin de construir una urbanización en la ciudad, transcurrirían meses”.

No podía faltar entre los personajes alguien que despierta con la casa encima, una chica que descubre la tragedia bajo su propio techo, o lo que queda de él. El juego que hizo con este personaje fue muy atractivo, le dio otro matiz a la historia.

Es Regeneración una obra que me cautivó, supera en creces el cuento que leí aun en edición – ventajas de ser su amigo –es una historia que me muestra en diferentes planos esa tragedia que padecieron tantas personas y que los medios reflejaron tan patéticamente.

Gusmar trazó su pluma con un respeto hacia nuestros caídos de Amuay, mostrándonos personajes inolvidables, algo difícil de lograr en la literatura, personajes con tres dimensiones, que cuando uno recuerda el nombre de ellos le viene a la mente lo que pasó dentro de la historia y algo mucho más atrayente, me sentí identificado con prácticamente todos los personajes. Algo de su pasado, de su presente o de sus acciones me identificaron, y estoy seguro todos los lectores se identificaran. Me enorgullece tener un amigo con esa pericia y me satisface aun más tener mi segundo libro en sociedad con él, ésta historia, real, sin nada de ciencia ficción, ni siquiera las particularidades de los personajes, necesita ser leída por todos los venezolanos, porque no es un lucro que busque el autor, es un tributo, ya que ni siquiera lo editará en papel, lo difundirá en digital para quien quiera adquirirlo. Es un libro que se lee de un tirón, no por lo fatuo, nada de eso, sino porque no podrá dejarlo. Yo comencé a leerlo a las diez y media de la noche, cuando me levante de la cama donde lo leía con la computadora, tenía todo el cuerpo agarrotado y adolorido, por supuesto me levanté cuando llegué a ese final tan abierto y que da paso a una segunda parte que desde ya le exijo al escritor que me la pase, porque quedé sediento por conocer mucho más de esos personajes y de esa historia que marcó la vida de muchos venezolanos.

Si esta historia es impulsada correctamente calará en la piel de todos los venezolanos y será leída y pensaremos ¿Cómo estarán esas familias que pasaron por esto?

Gracias Gusmar, por regalarme tan buena lectura.

viernes, 18 de enero de 2013

CAPÍTULO DIEZ DE "REGENERACIÓN".


A continuación comparto una parte del capítulo diez (Presagio), de mi novela Regeneración. En unas semanas la novela estará disponible a través de Amazon y otros portales…

El fuerte sonido la despertó agitada, sorda y temblorosa. De un golpe levantó la mitad de su cuerpo quedando sentada sobre la cama intentando descifrar lo que pasaba. Una neblina espesa había inundado su habitación, le dificultaba la respiración, se ahogaba. No era neblina, era polvo. Agudizó la mirada, con sus manos intentó deshacer la densa niebla de polvo que la agobiaba. El terror aumentó, no podía creer lo que veía.

La pared que separaba su habitación de la sala estaba derrumbada, el techo de la vivienda se había venido abajo, sólo quedaba un pedazo sobre ella, notablemente falseando como amenazando con caerle encima, podía ver que el otro extremo de la casa estaba en ruinas. No pudo evitar una agonizante tos. Sus piernas no respondían a la orden de levantarse, pensó en sus padres.

¿Dónde estarían? ¿Qué había pasado? ¿Qué era ese humo negro que oscurecía el cielo?

Desde su cama vio hacia la selva que rodeaba la urbanización las Acacias. Creyó ver una especie de fuego avanzando entre los arbustos. Pensó que eran los nervios. Un sonido agudo le devolvió el sentido del oído y al instante escuchó crujir el techo sobre ella, saltó de la cama con un impulso y agilidad producto de su disciplina en el gimnasio, y el techo cayó sobre la cama haciéndola pedazos. Escuchaba explosiones, pero menos ruidosa a la que interrumpió su sueño y la hizo despertar. Seguía escuchando el sonido agudo, era una alarma de emergencia, poco a poco iba comprendiendo, aunque confundida.

¿Estamos en guerra? ¿Nos están atacando?

Salió de lo que había sido su habitación, asombrada, saltando entre los escombros, mirando alrededor. La escena era apocalíptica, muchas casas de la urbanización estaban sin fachadas, algunas personas salían heridas a la calle, sangrando, desorientados.  Se agrupaban en la plaza frente a su casa, y desde allí todos miraban hacia el sur con asombro y terror en el rostro.

Escuchó las sirenas de los camiones de bomberos.

¿Blancos de una bomba nuclear? ¿Qué tan lejos había sido el impacto? ¿Se estarían haciendo realidad sus pesadillas de guerras?

El miedo crecía y atacaba su estómago, sintió un frío recorriéndole la pierna derecha y entonces notó la herida, era leve, un rasguño tal vez hecho con los escombros o quizás un trozo del techo le había caído estando en la cama y no lo sintió hasta ahora por el pánico.

Volvió a su casa, rasgó una tela y con ella cubrió su herida amarrándosela alrededor de la pierna. Recordó a sus padres adoptivos, no los vio afuera donde se agrupaban atemorizados sus vecinos. Corrió entre los escombros buscándolos, entró a la cocina y era un caos. Dos habitaciones se habían desplomado por completo, la sala era un cementerio de escombros, las lágrimas golpearon desde su estómago, ensancharon su garganta, inundaron sus ojos hasta rodar cuesta abajo por sus mejillas.

Mileidys Bermúdez no podía creer que sus padres adoptivos habían sido tapiados por los escombros, no podía aceptar que estuvieran muertos. Entre los escombros vio una de las fotografías que con orgullo los Bermúdez mostraban en el interior de la sala, era ella en medio de ellos, la foto la habían tomado el día de su adopción, a sus doce años. Habían pasado seis años y ella se sentía feliz y en familia junto a ellos. Se ganaron su confianza, con cariño, con atención. Y el único secreto que decidió guardar era el de sus sueños. En sus sueños veía escenas de su infancia, y aunque no recordaba mucho de su niñez tenía la convicción de que así era. También tenía sueños que se cumplían, hasta el momento nada alarmante, sin embargo, algunos sueños eran pesadillas monstruosas y se preguntaba si acaso esas también se cumplirían.

Les habría contado sus sueños y su teoría sobre ellos a sus padres, pero sabía que ellos la llevarían a algún psicólogo, se preocuparían mucho por su salud mental. Ya la habían inscrito en ballet, karate y natación, por el interés de que pudiera desarrollar habilidades productivas, también la inscribieron en una universidad privada, proveyéndole lo necesario para su desarrollo académico. El ambiente familiar era celestial, jamás imaginó que de ser adoptada podría estar en un hogar como ese. Y ahora, una vez más, todo cuanto amó está derrumbado, sólo quedan ruinas.

Con los ojos fijos en la fotografía recordó que Nelson y doña Estílita no habían dormido esa noche en casa, el día anterior habían decidido visitar a sus padres en el campo y ella se quedó porque debía presentar exámenes al amanecer. Al instante escuchó sirenas acercándose a la urbanización, se asomó detrás de la única pared que quedaba en pie, componentes militares se dirigían a Las Acacias. Corrió hacia la plaza, el pánico se adueñó de ella una vez más, decidió abandonar el grupo de heridos que estaban reunidos allí, escuchó comentarios que insinuaban que otra explosión podía ocurrir, aún sin entender qué pasaba corrió a las afueras de la urbanización, sin dejarse ver por los militantes de la Guardia Nacional. Entre callejones y veredas se alejó, viendo las calles abarrotadas de autos, también veía cómo algunas personas invadían locales comerciales para saquearlos.

Mientras avanzaba escuchó rumores de lo que ocurría, no era una guerra, no se trataba de una bomba nuclear, era la Planta Amuay, algo había sucedido allá. Veía grupos pequeños de personas que corrían en dirección contraria, dirigiéndose a la planta. Decidió cambiar su rumbo y unírseles. A medida que se acercaba podía ver el incendio crecer en una de las áreas de la planta, también una pared inmensa de humo negro que vestía el cielo como marcando una imponente división en el horizonte. Escuchaba las historias de algunos que se lamentaban, lanzaban plegarias con un “dios mío sálvalo”.

-Mi esposa no debía estar allí. Le correspondían sus vacaciones la semana pasada y acordamos que las dejaría para pedirla de manera que pudiéramos disfrutar en nuestro aniversario de bodas.

Mileidys miró al señor que le hablaba. Un hombre de entre treinta y treinta y cinco años, su rostro reflejaba agonía. Le contó que planeaban tener un bebé pronto, que ella era su vida, que no sabía que sucedería si ella no sobrevive.

-Salí de casa antes que los militares llegaran y me obligaran a evacuar llevándome quién sabe a dónde. No tiene sentido ningún lugar sin ella.

Le pareció romántico el gesto, pero no sabía si podía sentir ternura en un momento como ese. Se preguntó a sí misma qué hacía caminando hacia la planta, todas esas personas tenían a alguien allá, nadie podría estar caminando hacia la planta por mera curiosidad, sin duda el lugar era una bomba de tiempo, o al menos eso se rumoraba entre la gente con la que iba.

¿Qué hacía caminando hacia una bomba de tiempo? ¿Por qué no se devolvía y se montaba en uno de los vehículos de la Guardia Nacional dispuestos para la evacuación? ¿Cómo estarían Nelson y Estilita?

Seguro ellos estarían angustiados, averiguando qué sucedió, intentarían entrar al pueblo, la Guardia Nacional no les permitiría el paso, desesperado intentarían explicarle a uno de los funcionarios que su hija estaba en el pueblo, que querían buscarla, la angustia sería indescriptible, ella los conoce. Se enterarían que hay un campamento para refugiar a los evacuados, irían hasta allá, al no encontrarla la angustia sería mayor. Pensó en volver, pero sentía que debía llegar hasta la planta....