Diciembre
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sábado, 7 de diciembre de 2013

JESUS Y MANDELA/ADIÓS MANDELA

No quiero ser otro más escribiendo sobre alguien solamente porque ha muerto, mucho menos repitiendo consignas propagandísticas. Les diré: me aterra Jesús, me siento atraído por lo que representa cuando se le mira desnudo de esa mal llamada espiritualidad que lo sitúa tan lejos de la humanidad y tan por encima de ella; pero me aterra lo que han hecho con él… Debo corregir, me aterra él. Porque la mayoría y la oficialidad en asuntos de Jesús ha decidido que lo que han hecho con él, es él. Así que ya no existe ese Jesús de pies llenos de barro y su túnica sucia por el peregrinaje por callejones tan puercos que no serían transitados hoy por las instituciones que lo nombran Señor y Dueño, nombrándose ellas de esa forma más bien, con una sutilidad diabólica. No existe ya, aunque probablemente nunca existió, pero me gustaba creer que existía al menos mientras me adentraba en la dimensión narrativa de esos evangelios que también han dejado de ser evangelios. Lejos estamos ya de la época que dibujan las narraciones, en las que ese personaje llamado Jesús dice “presente”, pero precisamente son los libros destinados a preservarlo los que nos insinúan el trazo de su mutación. “Jesús, Señor de la creación”, así lo nombran, con la “j” mayúscula, la “s” de señor en mayúscula, pero la “c” de “creación” en minúscula, y con “creación” nos reunieron a nosotros, entonces no es “Señor de la creación” en el sentido de que le pertenece a ella o emerge desde ella, sino que claramente y arbitrariamente se enseñorea para presumir de mayor, necesario y hasta esclavista, pues a su nombre se debe doblar toda rodilla. Nosotros somos los minúsculos frente a una bestia mayúscula, formulada en concilios y trasladada en doctrinas a nuestros tiempos.

He visto cómo mutan los vivos una vez que han muerto, los han hecho consignas de victorias que no ocurren, no ocurrirán y no son necesarias, así quieran vendernos la idea de que sí. Alguien dijo que no se le puede llamar muerto a los que han luchado por la vida, me niego a creer (mierda que me niego) que quien lo dijo se refería a que aquel que luchó pasaba a ser una consigna propagandística y acomodada al servicio de ideologías que se van separando del ideal central de quien luchó. Yo digo que, no se les puede llamar muertos a los que forjaron la vida, porque se les debe llamar por sus nombres, y sus nombres deben hacernos recordar quiénes fueron exactamente y no quiénes son según las malditas instituciones que secuestran a los muertos para burlarse de ellos. Al Jesús también lo hicieron “vencedor de la muerte”, y así un sistema, o más bien un multi-sistema, llamado cristiano pavonea de “vencedor” e intenta embriagar con su ilusión de “puedo hacerte vencer la muerte”. Pero no, Jesús ni siquiera pudo vencer la muerte, y los sistemas cristianos oficiales e institucionales, en su mayoría, son los verdugos victoriosos en el relato de la resurrección. ¿Vencerá algún día Jesús al cristianismo? No es retórica mi pregunta, es utópica. Y corto el asunto, para terminar de decir lo que quiero y darle mi “Adiós a Mandela”.

Fue un placer haber vivido en sus tiempos. Me voy sabiendo que no fue un personaje creado por narradores con ambiciones de preservar y fomentar una ideología. Yo lo vi abrazando a la Cuba jodida, a esa marginada, menospreciada, y en Cuba abrazaba a todos los marginados y menospreciados, a los minúsculos; lo vi en Venezuela, este país con dolores de parto. Lo vi estrechando la mano del enemigo, dando una lección, humillándolo con su paz, con su lealtad a sí mismo y a nadie más. Lo vi dándoles en los huevos a los más machos, esos que siguen viviendo a base de ficciones para cagarse encima del bienestar.  Lo vi demostrando que no es necesario que nos escriban en mayúsculas para enseñorearnos, que ni siquiera es necesario enseñorearnos, lo vi haciéndolos a ellos tan minúsculo como lo fue él hasta su muerte.

Que nadie diga mañana que el negro venció la muerte, o que no dijo adiós sino hasta luego, que nadie venga con discursos sensacionalistas a decir que se levantó al tercer día, solamente para hacer de él una figura de opresión mediante la imposición de necesidades. Que quede claro: murió, fue vencido por la muerte, no hay reencuentro. Que no lo hagan volver para hacerlo consigna y bandera. Él hizo lo que le tocó, y fue mucho. (¡Oh Mandela tan humano y pequeño para que su nombre recorriera cada rincón del mundo en una sola vida!).

Adiós Mandela, porque si vuelves ya no serás el mismo, y no quiero volver a verte. No resucites, no reencarnes, no me esperes en un más allá, no seas un ángel velando por nosotros, tampoco un santo rogando a nuestro favor… ¡Ni se te ocurra ser un dios algún día! Eso sería lo peor que pueda pasarte ahora, negro… Negro de mierda, quédate en tu tumba, deja que te coman los gusanos, que la muerte cante victoria, que su victoria es mucho más generosa que la victoria impuesta a los que mueren luchando por la vida. Adiós Mandela, que no te vuelvo a nombrar, al menos no por mucho tiempo. Tal vez luego, en alguna conversación con mis hijos, o mis nietos, tal vez te nombre para decirles que sí exististe pero moriste, que fuiste un mortal, un negro sin color y de tantos colores a la vez. Prometo no confundirte con esos “Mandelas” que ya están nombrando esos malditos zamuros come muertos.

Dibujo: Un combattant disparaît/ De Dario Castillejos http://courrierint.com/node/1049658 

jueves, 27 de diciembre de 2012

PRÓLOGO DE "REGENERACIÓN".


El despertar del 25 de agosto de 2012 fue uno de los más amargos que vivimos los venezolanos. Canales televisivos, emisoras radiales  y redes sociales centraban toda su atención en el suceso, hubo una terrible explosión en el Complejo Refinador conocido como la Planta Amuay ubicada en el estado Falcón. Una tragedia devastadora que acabó con decenas de vidas dejando montañas de escombros por las pérdidas materiales. Muchas interrogantes surgieron en torno a lo sucedido, buscando culpables, acusando, distrayendo la atención de lo que verdaderamente importaba: salvar vidas, sanar heridas… mostrar solidaridad.

En esta oportunidad, y como una manera de rendir homenaje a la memoria de los caídos en la tragedia de Amuay, Gusmar Sosa se estrena con “Regeneración, Incendio en la Planta Amuay”, una novela corta de ficción compuesta por doce capítulos.

Bien lo expresan Eduardo Gallego y Guillem Sánchez en su artículo ¿Qué es la ciencia-ficción?:

La ciencia ficción es un género de narraciones imaginarias que no pueden darse en el mundo que conocemos, debido a una transformación del escenario narrativo, basado en una alteración de coordenadas científicas, espaciales, temporales, sociales o descriptivas, pero de tal modo que lo relatado es aceptable como especulación racional.

En “Regeneración, Incendio en la Planta Amuay”, Sosa nos muestra el lado más humano de la ficción, vinculando a cada personaje con la cotidianidad que todos conocemos. En esta historia nos encontraremos con gente común, como usted o yo, pero que se diferencian por poseer habilidades extraordinarias. Como es el caso de Roberto Infante, uno de los trabajadores de la Planta, apenas lleva 2 años en la industria y 2 semanas asignado allí. A pesar de ser un hombre joven y lleno de vida siente que ya lo ha perdido todo, que no tiene razones para vivir: “…Ni siquiera recuerda que ya había sufrido ese lapso de amnesia antes. En cinco minutos recordaría todo, incluso ese fatídico carácter suicida, ese vicio de lamentar su existencia. Así había sido siempre el proceso. Primero su cuerpo, luego su mente. Y como una burla del destino siempre estaba implicado en sucesos como ese que se originó a kilómetros del rancho...” 
       
Permanecer con vida era un privilegio que Roberto no creía merecer: “Siempre se sintió culpable por la muerte de sus padres, pero más culpable por estar vivo. Se sentó en el taburete apuntando su pecho, se levantó de nuevo, tomó el resto de los cartuchos. Acomodó el colchón sobre la cama, llevando el taburete a una esquina, se sentó y sobre el colchón colocó los otros siete cartuchos...”

Por su parte, para Francisco Osorio, un bombero novato comprometido con su profesión, la vida le parecía corta para todo lo que quería lograr. Como buen padre de familia su prioridad es proteger a su esposa e hijo. Si hay algo en lo que cree Francisco es en su intuición, ésta le ha servido para guiar sus pasos y en las decisiones más importantes que ha debido tomar: “…En su interior Francisco continuaba especulando y algo le aseguraba que no se equivocaba. Sin embargo, sólo tenía eso: intuición, sospechas. Para él era suficiente, pero no podría explicarlo de manera que fuera suficiente para otros, y convencido de eso decidió prepararse e ir descubriendo el inframundo que se tejía detrás de las apariencias diplomáticas y los acontecimientos locales…”

Cuántos de nosotros nos hemos dejado llevar por las “corazonadas”, por la intuición y, cuántos otros le han dado la espalda. Para este bombero sus intuiciones iban más allá de simples ideas: “Mientras el camión de bomberos se acercaba a la escena, Francisco intentaba concentrarse para cumplir su labor con efectividad, confiaba en encontrar sobrevivientes, dejarse llevar por las pistas y así dar con los que pudieran estar tapiados… A pesar del esfuerzo, no dejaba de pensar en la estela de fuego, sospechó que esa visión tenía algo que ver con él, que de alguna manera ese día entendería muchas cosas y sería el inicio de una aventura que lo haría verdaderamente útil al bienestar.”

“Regeneración, Incendio en la Planta Amuay”, no es una novela de ciencia ficción más, tampoco trata de acusar ni buscar culpables, cada lector podrá hacer su propia interpretación de los hechos. Gusmar Sosa, en cada uno de los doce capítulos, más que una denuncia hace un llamado a la reflexión, a la humanidad del lector. Y no hay cualidad más humana que la empatía, como la que siente Mirian Salazar por todos los que la rodean. Mirian es una de las trabajadoras de la Planta Amuay que le tocó vivir la agonía de la explosión y, aunque logró salvar su vida junto con otros compañeros, no dejaba de sentir que era uno de esos casos en donde se está en el lugar equivocado, en el momento equivocado: “Miriam Salazar pensaba en que debió haber solicitado sus vacaciones una semana atrás, como correspondía. No lo hizo porque quería estar totalmente libre desde el quince de septiembre para asistir tranquilamente a la graduación de su hermana y celebrar su aniversario de bodas en la ciudad de Mérida durante una semana...”

Pero no siempre las cosas son como las pensamos y, a veces, estamos en el lugar que creemos equivocado, por una importante razón: “Miriam intentó mantener la calma, pero como siempre se le hacía difícil, no tanto por sus emociones, sino por las emociones de los que la acompañaban. Debía controlarse, ignorar el terror que sentían los otros… Miró a los siete compañeros que estaban con ella condenados en el interior de la garita, se  levantó sonriendo. -Tengamos confianza, algo me dice que hoy sobreviviremos y podremos corregir nuestras vidas- Los siete la miraron melancólicos, y todos sintieron que Miriam Salazar tenía razón.”

Estoy segura que, a medida que el lector avance por las páginas de  “Regeneración, Incendio en la Planta Amuay”, se identificará con las vidas de cada personaje, sintiendo la misma empatía por ellos y agradeciendo haberse encontrado en otro lugar. Pero, aunque se encuentren lejos de la Planta Amuay, sentirán cada emoción, cada sensación descrita por Gusmar Sosa en sus líneas. Sentirán la desesperación de quien intenta salvar su vida, el optimismo de quien intenta rescatar, la perseverancia de quien se niega a abandonar.

Gracias a ese optimismo y perseverancia de quienes desempeñan tan loable labor en el Cuerpo de Bomberos, las cifras de decesos no se incrementó. Hombres y mujeres dispuestos a arriesgar sus propias vidas por salvar la de los demás. Así lo hizo el Sargento Tomás Zambrano, negarse a abandonar un área donde su permanencia podría significar una muerte segura. Pero, ¿Qué es la muerte para quien no quiere vivir?: Lo que más le preocupaba era la posible desaparición de un pueblo completo. Ni siquiera su vida le importaba, ya lo había perdido todo, y sino se entregaba a la muerte era por la promesa a su padre de mantenerse firme y de cara a la vida ofrendando su esfuerzo a través de su profesión.”

El Sargento Zambrano es uno de esos hombres que más que una profesión adquieren un compromiso moral con la sociedad, son muestra de la verdadera vocación: “…Le insistió al Sargento Zambrano que lo acompañara, pero fue inútil, el Sargento se negó a abandonar el área de riesgo. -Sólo será un momento, mientras ofrezco una rueda de prensa, lo necesito a mi lado- -Lo siento señor,  con todo respeto, debo estar al lado de mi gente- El Vicepresidente le puso la mano en su hombro. -Su padre me habló de su lealtad y terquedad Sargento, en breve estaré aquí…”

Si bien es cierto que algunas de las decisiones que tomamos, a lo largo de nuestras vidas, son producto de la experiencia, también lo es que en algunos casos debemos seguir “las señales”, seguir nuestra intuición. Esto es lo que hace Mileidys Bermúdez cada vez que uno de sus sueños supera la fantasía para colarse en la realidad. Ella es una joven atleta que presiente que sus sueños son más que eso: “Una explosión la cegó y ensordeció. Mileidys brincó de inmediato. Se encontró sobre su cama, sentada, rodeada por una neblina de polvo. Comprendió que había soñado, contempló la escena, la habitación destruida, medio techo sobre ella, de inmediato saltó de la cama, su sueño comenzaba a cumplirse...”

Si usted ha escuchado la expresión “persigue tus sueños”, entonces entenderá mejor lo que vive esta joven con frecuencia: “Mileidys Bermúdez corre, mira a su izquierda, sonríe al ver a un hombre que va corriendo también hacia la misma dirección, recuerda que no sabe qué sucederá cuando el hombre cruce la línea de fuego, se pregunta si habrá otra explosión, se pregunta por qué su sueño la dirigió hasta allí.”

Como dije en un principio, “Regeneración, Incendio en la Planta Amuay”, va más allá de la típica novela de Ciencia Ficción, es una lectura que invita a la reflexión. Te reto a ser parte del grupo de hombres y mujeres con habilidades especiales, habilidades que sin darnos cuenta todos poseemos: ser empático con el que está en problemas, oír a los demás pese a lo que pensemos, seguir nuestra intuición más allá de la razón y por último, regenerar nuestra conciencia.

Scarlet Gómez Romero.
 La última semana de enero, 2013, estará disponible en Amazon.com 

lunes, 24 de diciembre de 2012

HOY QUIERO CELEBRARTE DE OTRA FORMA...


Que naciste en un pesebre, eso me contaron. Y te adoré, porque naciste en un pesebre. Humildad la tuya, que me dio el chance de adorarte.

Hoy sigue siendo humildad la tuya, pero mi adoración no basta, y decirlo es una farsa. Un yo te adoro no es suficiente y no sirve de nada, recordarte en el pesebre  ya no alcanza. No alcanza si sólo voy a recordarte, si solamente voy a contemplarte allí tan niño, tan débil, reposando en un pesebre que no es el lugar para un recién nacido, alegrándome por tu condición de pobre y mi destino feliz por tu nacimiento.

Hoy quiero celebrarte de otra forma, hoy quiero lamentar el pesebre donde reposaste, porque una casa digna merecías, como la merecen los niños que me nacen en mis barrios, como la merecen los que son parte de una cifra que muchos aseguran que no existe porque es mejor maquillar las estadísticas.

Merecías un hogar con techo firme, con paredes cálidas, con el olor a recuerdos gratos, a donde los vecinos pudieran asistir para festejarte, con un patio enorme, y árboles creciendo, donde pudieran reunirse tus tíos, tus abuelos, y reír a carcajadas como se debe reír cuando hay un nacimiento. Así como lo merecen las familias que con ilusión deciden ser familias.

Merecías padres felices y no preocupados por una matanza, no afligidos por los malditos prejuicios de siempre, esos que persiguen y te hacen transitar escondido por los desiertos. Hoy siguen naciéndonos niños con padres preocupados y afligidos, porque siguen existiendo prejuicios, se sigue persiguiendo al débil, a los que no son como “la mayoría”, a los que no han aprendido a ser parte del sistema.

Hoy no voy a brindar por tu nacimiento en el pesebre, y no me malinterpretes, que yo estoy agradecido por tu humilde nacimiento que nos hace a los pobres creer que siempre quisiste estar en medio nuestro, es que quiero creer que nos denunciaste al nacer, sí, que apuntaste en contra de nuestros prejuicios y conformismos, que nos dijiste: “mira exactamente donde nazco y que no se repita la historia…”

Hoy quiero creer que se puede cambiar la historia si decidieras nacer de nuevo, que yo podría verte nacer en un hospital digno, en el seno de una familia feliz sin la preocupación de una matanza a la puerta, con un padre a quien la política no le trunque su visión de bienestar para ti, con una madre que no tema ser apedreada, convencida de que no cometió ningún error. Y esperarte en la cuadra, verte llegar entre los brazos de tus padres, unirme a la parranda por tu nacimiento, y levantar una botella de ron para brindar por tu nacimiento y por todos los que nacen en un lugar digno, en un contexto digno…

miércoles, 12 de diciembre de 2012

ORACIÓN DESDE LATINOAMÉRICA.


Ven y vuelve a nacer, pero hazlo en Latinoamérica, danos la oportunidad de ser nosotros la "tierra santa", y danos la fuerza para decirle al mundo cómo puede escribirse la historia sin pretensión de colonizar, sin la ambición de oprimir... Si naces en esta región, no tendrás que caminar sobre el mar de Galilea, ni sujetar ninguna tempestad, podrías disfrutar sentado a la orilla del Mar Caribe y escucharnos contar buenos y malos chistes mientras la brisa se arroja...

Y si quieres golpea mi ateísmo, mi incredulidad y búrlate de mis razones, pero hazlo naciendo por estas tierras, naciendo de nuevo, floreciendo desde acá, dándonos la oportunidad de otra vez escribir la historia, y que esta vez no exista la opresión en tu nombre, ni la colonización, ni triunfe la ambición de los que quieren cagarse el mundo porque creyeron que podían…

No nos des el pan nuestro de cada día, solamente deja que nos lo ganemos... No nos multipliques los panes y peces, tan sólo ayúdanos a restar la avaricia de entre nosotros...Y no nos libres de la tentación, tan sólo enséñanos a ser compasivos frente al error del otro y reflexivos acerca de nuestra responsabilidad...

Que te ofrecemos la ingenuidad que aun nos queda, que te acobijamos con la esperanza que aun no nos roban, que te enseñamos a jugar con la metra y el trompo, y jugamos contigo al fútbol, como lo hacemos por acá, con un terreno enmontado como cancha, con una cuadrilla de chamos alrededor esperando sus turnos... 

¡Si la historia pudiéramos escribirla! ¡Si los evangelios dependieran de nuestras tintas! Tus bienaventuranzas dirían "bienaventurados los guajiros que aman la tierra y la respetan, bienaventurados los latinos que se atreven a tomar las riendas del porvenir..."

Y si acaso esta oración constituye una ofensa para los que están parados sobre la cómoda cúspide de las teologías convenientes, excluyentes y opresivas, sepan entonces que sus teologías han sido suficiente ofensa desde siempre, pero ya no para siempre…