Oración
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viernes, 8 de marzo de 2013

A ELLA LA LLAMARON ADÚLTERA...


Tal vez se equivocó, puede que sólo buscaba satisfacer su necesidad, nunca lo sabremos con seguridad, pero algo es cierto: a veces nos equivocamos por nuestra desesperación y nos ciega el deseo de encontrar “agua que calme nuestra sed”.

¿Pero quién puede culparla? ¿Quién nos culpa?

A ella la culpa una turba de hombres “perfectos” según los parámetros que ellos construyeron, según las interpretaciones emitidas entre las paredes de sus sinagogas. La llamaron “adúltera” porque aprendieron a cambiar el nombre de quienes no encajan en el sistema. Y la “adúltera” no es una mujer para ellos, es sólo un objeto, es una herramienta que les permite brillar como rectos y estrechar entre ellos sus manos saludando la perfección que otros evidentemente no han alcanzado. Y no sólo es una herramienta, la “adúltera” es mucho más aún: también es carnada.

La obligan a caminar mientras la empujan con desprecio. Allá van, buscando al Cristo para escupirle la perfección en la cara y dejar en sus manos la decisión de qué se debe hacer con la “adúltera”; apuestan a que no es lo suficientemente integro como para emitir el juicio correcto: apedrearla. Y si tienen suerte de obligarlo a emitir el juicio correcto lograrán que su popularidad disminuya.

La caminata cesa. La mujer que fue sorprendida en pleno acto de adulterio va delante, tal vez a empujones. Me detengo a pensar cómo se las arreglaron para encontrarla en pleno adulterio. ¿Habría sido un plan orquestado durante días, semanas, meses? La escogieron a ella de entre la multitud de “pecadores” del pueblo. ¿Por qué a ella? ¿Se interesaron en su historia y en los por qué de su adulterio? ¿Y qué del hombre con quien ella cometió el adulterio? Porque sola no pudo haber cometido el acto. ¿Por qué no lo trajeron a él también?

Quizás había toda una historia detrás de aquel acto, tal vez ella creyó en aquel hombre al que se le entregó. ¿No habría sido engañada con falsas promesas de seducción? ¿Y qué tal si ella estaba segura de que aquel hombre era su amor? ¿No sería ella una mujer con sueños colgados en ese hombre?

Al parecer a nadie le importó pensar en ella, nadie le preguntó nada, ella era la ocasión perfecta para debatir y derribar los argumentos de amor liberal de un carpintero a quien el pueblo ve como un Cristo.

Alguien la toma con brutalidad por el brazo izquierdo y violentamente la lanza hacia adelante, ella cae de rodillas en la arena, el polvo que su brusca caída levanta hiere sus ojos humedecidos por el temor a morir y sus manos son lastimadas por el roce de algunas rocas en la arena. Apenas puede observar los pies de su juez.

La “adúltera” frente al Cristo, los perfectos la acusan y sonríen esperando el veredicto. Tal vez usted conoce la historia, pero ella no, apenas la vive. Cada segundo es una eternidad de agonía tras otra, ella sabe cuán duro es el corazón del hombre, lo sabe porque más de uno la ha herido no con piedras pero si con caricias que se ausentan, con besos que no vuelven, con promesas que no se cumplen, con palabras que se desvanecen como la noche y huyen como el viento. Podría morir apedreada o tal vez sobrevivir, ni siquiera sobrevivir es consuelo, de no morir apedreada tendrá que lucir las marcas del juicio por las calles del pueblo.

Pero el Cristo no defiende las enseñanzas de la sinagoga ni es seducido por la perfección de la turba, al parecer no le interesa la perfección y tampoco mantener con vida un sistema que es capaz de reconciliar conceptos como “piedad y piedras”, que propicia la ocasión para atentar contra el ser humano, que sirve como escenario para juegos de “poder y control”. La mujer quizás ni siquiera escuchó las palabras del Cristo, pero de repente no habían ni perfectos ni piedras a su alrededor.

¿Dónde estaban los que la condenaban?

¿Por qué se marcharon si él sólo pidió que lanzara la primera piedra aquel que está libre de pecados?

De no haber ninguno capaz de lanzar la primera piedra bastaba con soltarlas, pero ¿por qué huyen delante de un hombre que sólo pronunció palabras y de una mujer adúltera que yace indefensa en el suelo?

Es que muchos no pueden permanecer frente al amor, huyen del amor verdadero, huyen de la piedad verdadera, no les interesa practicarla, sólo les interesa ser notables y sino pueden hacer notar la “perfección” que encarnan entonces prefieren huir.

En esta historia encuentro a un Cristo interesado en defender al hombre, disparando en contra de leyes, doctrinas, ideologías que dan pie a la estúpida actitud de superioridad, actitud que hace modelar conceptos como “la fe nos hace fuerte y mejores que el mundo”, actitud que alimenta la idea de un orden de clases, de divisiones dentro de la sociedad, de etiquetas según “logros”, conceptos que en muchas manifestaciones del cristianismo laten con fuerza como si ellos, y no el Cristo, fueran el corazón del cristianismo.

Creo que debemos reflexionar hoy frente al Cristo y aquella mujer a la que insisten en llamar “adúltera”… ¿De qué lado seguiremos? ¿Del lado del Cristo y la mujer? ¿Del lado de la turba de hombres perfectos representantes de un sistema perfecto?

Una vez dije en una reunión con muchos hombres perfectos: “tal vez ser adúltera le permitió conocer al Cristo”. De inmediato sentí las piedras apuntándome, me di cuenta que no soy perfecto y honestamente me gustó más desnudar mi imperfección y no seguir disimulando con disfraces de piedad, aunque eso me convierta en un blanco para apedrear. Yo prefiero ser un adúltero, un hereje, un descarriado, un ateo o cualquier otra cosa y no un defensor o embajador de un sistema que no es capaz de quedarse frente al maestro un minuto más para escucharlo decir “Ni yo te condeno”.

domingo, 17 de febrero de 2013

DIOS ENTRE NOSOTROS.


Siempre que leo o escucho a alguien decir “Dios es” recuerdo mi posición hace ya catorce años respecto al tema. Fui criado en un ambiente donde “Dios” ya estaba conceptualizado y era tantas cosas que no había espacio para una búsqueda ni para una mirada desde lo personal, a pesar de que se hablaba de un Dios personal no había chance para hacerlo propio.

Hoy “Dios sigue siendo”, y su existencia parece que ya no va dependiendo de los conceptos establecidos por los que vociferan ser los portavoces oficiales, vamos emergiendo generando escenarios que permiten planteamientos nuevos, perspectivas nuevas, y que aparentemente no pretenden controlar lo que Dios es. Pero algo debemos tener claro: Dios seguirá siendo lo que nuestras construcciones apunten. Inevitablemente cada era se hará su imagen, o imágenes, y cada imagen será bandera y cada bandera excitará los ánimos de unos y la sumisión de otros.

¿Qué podemos hacer para que la dinámica sea productiva en términos de “reconciliación”?

Creo que el asunto va más allá del afán de definir a “Dios”, pienso que el teólogo de hoy debe asumir un reto y “manchar” su rol con un desempeño inclinado hacia el afán de la construcción de estructuras débiles que sirvan de bases para los escenarios que emergen y creo que “Dios” podría ser mucho más que un instrumento para el control a través de los sistemas religiosos, “Dios” podría ser la plataforma sobre la cual puedan construirse esas estructuras débiles.

Si insistimos en decir que “Dios está entre nosotros”, si vamos a seguir afanados en dibujar su imagen con nuestros postulados, doctrinas, “anti-doctrinas”, filosofías, deconstrucciones, incluso con nuestros multiformes ateísmos… ¿por qué no dibujarlo para todos? ¿Por qué no hacerlo útil a todos? ¿Por qué no presentarlo como un camino extendido hacia un horizonte donde el porvenir es libertad y búsqueda? ¿Por qué no sembrar en el alma de nuestra era como carácter y condición natural el derecho al acercamiento a la idea de “Dios” desde una verdadera perspectiva personal sin que el resultado de la búsqueda genere prejuicios y señalamientos? ¿Por qué no apuntar en contra de las “estructuras fuertes” con las que intentan posicionarse los diferentes sistemas religiosos y monopolizar la idea de Dios a conveniencia exclusiva?

El Dios cristiano es exclusivo, le pertenece a los cristianos mientras el cristianismo dice pertenecerle a él, pero la verdad es que es un instrumento ideológico que le ha permitido posicionarse y en la actualidad ese “mal uso” de “Dios” nos arroja consecuencias negativas frente al deseo de la construcción de un mejor aparato social, la exclusividad de Dios es, a mí parecer, “la madre de los elementos” de la imagen tradicional de la divinidad y por lo tanto lo primero que debemos rechazar si en verdad deseamos ir a tono con la libertad pregonada por el Cristo cuando “tomando a Dios como su instrumento” se afanó por “tocar a todos”.

Ahora, ¿podrá hablarse de aceptación sin aceptar la imagen de Dios trazada por el cristianismo que hemos heredado? ¿Podrá hablarse de pluralidad cuando no se está dispuesto a tolerar la existencia de dogmas y doctrinas opresivas? O de una forma más personal, ¿cómo hablo de aceptación si no estoy dispuesto a aceptar los elementos que reflejan la imagen de Dios construida por el cristianismo o cualquier otro sistema religioso? ¿Cómo hablo de tolerancia si no estoy dispuesto a “tolerar” a quienes encarnan las posiciones dogmáticas y pregonan doctrinas opresivas y apunto constantemente en contra de ellos?

Creo que la necesidad de un nuevo génesis de Dios debe impulsarnos en primer lugar a apuntar en contra de las semillas que germinando constantemente en términos de control y opresión no permiten espacio para las “estructuras débiles” que no garantizan la trascendencia de un sistema pero sí la libertad de búsqueda y la renovación constante de los elementos con los que se caracteriza la idea de Dios. Por lo tanto, no se pueden aceptar aquellos elementos que atentan contra un posible mejor escenario, ellos deben mutar; así, sí  queremos aceptar el dogmatismo como un carácter de un nuevo escenario habrá que darle una utilidad acorde al bienestar y al afán de “renovación constante”, es decir, cambiar su intención y finalidad, lo mismo con la utilidad de las doctrinas y todos esos caracteres que durante siglos ha emanado el cristianismo. Entonces podremos darle una mejor significancia al Dios  entre nosotros.

Finalmente quiero dejarles esto que escribí hace ya casi un año, como un llamado a reflexión respecto a la imagen impuesta por los sistemas religiosos sobre “Dios” y las distintas imágenes que podrían representarlo:

¿Y si Dios es duda y oscuridad? ¿Y si él es silencio y soledad? ¿Y si Dios es valle de sombra y no sólo la compañía en el valle? ¿Y si Dios es sed? Esa misma que habló en la cruz, ese "tengo sed" que agonizaba. ¿Y si Dios es debilidad? Esa de la que hablan algunos solamente para intentar resaltarse.

¿Y si Dios es la sonrisa de la abuela que sigue viva alimentándose de tus logros y con orgullo hace de tu esfuerzo un mito entre sus compañeras mientras juegan bingo? ¿Y si Dios es la hermosa mirada de tu hijo de siete años, cuando te ve llegar ignorando que con impotencia y frustración te limitas al régimen de visita impuesto por el Estado tras tu divorcio? ¿Y si Dios también es el suspiro de la mujer que amas cuando te ve llegar? ¿Y si es el abrazo de tus padres cuando después de largos meses vuelves al pueblo?

¿Y si Dios es esa sonrisa que se te escapa un viernes por la noche cuando estás reunido con tus amigos compartiendo una pizza mientras ven una película? ¿Y si Dios es ese saludo tímido que arrojas al otro lado de la calle y que es correspondido por ella? ¿Y si Dios es ese "todo estará bien" que pronuncia tu amigo, ese "todo estará bien" tímido e inseguro pero deseado y necesitado? ¿Y si es la tranquilidad que sientes cuando es pronunciado aunque esa tranquilidad dure sólo un segundo? ¿Y si Dios es ese "te amo" que cuando lo pronuncia ella hace que la oscuridad y la luz sea un mismo elemento en los atardeceres? ¿Y si Dios es el llanto de tu hijo que recién nacido se anuncia en tu existencia?

¿Y si Dios es el abrazo de tu hijo menor, de cinco años, que un lunes en la noche te redime de todas tus culpas? ¿Y si es ese segundo que disfrutas tomando la mano de la chica que amas? ¿Y si es la espera mientras se acerca el momento que tanto soñaste? ¿Y si Dios es ese mate que compartes con tus amigos un sábado en la tarde? ¿Y si es el café que te tomas a las seis de la mañana antes de salir al trabajo mientras piensas que todo está mejorando?

¿Y si Dios es esa alegría que resplandece con vida propia cuando estás conversando con alguien que apenas conoces y te das cuenta que han recorrido las mismas veredas, sin coincidir, hasta llegar a un mismo escenario? ¿Y si Dios la melancolía que susurra en tu alma un "pronto llegarás a tu hogar"? ¿Y si Dios es esa sed de hogar y el sentimiento de peregrino que te impulsa a seguir caminando?

¿Y si Dios es un dibujo torpemente trazado por tu hija de seis años con el que intenta reflejar cómo te percibe y te siente a su lado? ¿Y si Dios es esa pregunta de tu amigo ateo que te desestabiliza y te hace pensar que tal vez Dios no es como piensas? ¿Y si Dios es la primera lluvia de mayo, esa que cae justo cuando llegas al pueblo de tu niñez después de meses de ausencia? ¿Y si Dios es ese soplo que apuntas contra las velas del pastel de cumpleaños, soplo que esparces con felicidad porque están todos tus amigos y toda tu familia a tu alrededor?

¿Imagina usted un sistema que se apoye en estas débiles figuras acerca de un Dios? Sin duda, no sería un sistema sino un escenario, y la fe sería entonces un clamor silencioso carente de orgullo...

lunes, 24 de diciembre de 2012

HOY QUIERO CELEBRARTE DE OTRA FORMA...


Que naciste en un pesebre, eso me contaron. Y te adoré, porque naciste en un pesebre. Humildad la tuya, que me dio el chance de adorarte.

Hoy sigue siendo humildad la tuya, pero mi adoración no basta, y decirlo es una farsa. Un yo te adoro no es suficiente y no sirve de nada, recordarte en el pesebre  ya no alcanza. No alcanza si sólo voy a recordarte, si solamente voy a contemplarte allí tan niño, tan débil, reposando en un pesebre que no es el lugar para un recién nacido, alegrándome por tu condición de pobre y mi destino feliz por tu nacimiento.

Hoy quiero celebrarte de otra forma, hoy quiero lamentar el pesebre donde reposaste, porque una casa digna merecías, como la merecen los niños que me nacen en mis barrios, como la merecen los que son parte de una cifra que muchos aseguran que no existe porque es mejor maquillar las estadísticas.

Merecías un hogar con techo firme, con paredes cálidas, con el olor a recuerdos gratos, a donde los vecinos pudieran asistir para festejarte, con un patio enorme, y árboles creciendo, donde pudieran reunirse tus tíos, tus abuelos, y reír a carcajadas como se debe reír cuando hay un nacimiento. Así como lo merecen las familias que con ilusión deciden ser familias.

Merecías padres felices y no preocupados por una matanza, no afligidos por los malditos prejuicios de siempre, esos que persiguen y te hacen transitar escondido por los desiertos. Hoy siguen naciéndonos niños con padres preocupados y afligidos, porque siguen existiendo prejuicios, se sigue persiguiendo al débil, a los que no son como “la mayoría”, a los que no han aprendido a ser parte del sistema.

Hoy no voy a brindar por tu nacimiento en el pesebre, y no me malinterpretes, que yo estoy agradecido por tu humilde nacimiento que nos hace a los pobres creer que siempre quisiste estar en medio nuestro, es que quiero creer que nos denunciaste al nacer, sí, que apuntaste en contra de nuestros prejuicios y conformismos, que nos dijiste: “mira exactamente donde nazco y que no se repita la historia…”

Hoy quiero creer que se puede cambiar la historia si decidieras nacer de nuevo, que yo podría verte nacer en un hospital digno, en el seno de una familia feliz sin la preocupación de una matanza a la puerta, con un padre a quien la política no le trunque su visión de bienestar para ti, con una madre que no tema ser apedreada, convencida de que no cometió ningún error. Y esperarte en la cuadra, verte llegar entre los brazos de tus padres, unirme a la parranda por tu nacimiento, y levantar una botella de ron para brindar por tu nacimiento y por todos los que nacen en un lugar digno, en un contexto digno…

miércoles, 12 de diciembre de 2012

ORACIÓN DESDE LATINOAMÉRICA.


Ven y vuelve a nacer, pero hazlo en Latinoamérica, danos la oportunidad de ser nosotros la "tierra santa", y danos la fuerza para decirle al mundo cómo puede escribirse la historia sin pretensión de colonizar, sin la ambición de oprimir... Si naces en esta región, no tendrás que caminar sobre el mar de Galilea, ni sujetar ninguna tempestad, podrías disfrutar sentado a la orilla del Mar Caribe y escucharnos contar buenos y malos chistes mientras la brisa se arroja...

Y si quieres golpea mi ateísmo, mi incredulidad y búrlate de mis razones, pero hazlo naciendo por estas tierras, naciendo de nuevo, floreciendo desde acá, dándonos la oportunidad de otra vez escribir la historia, y que esta vez no exista la opresión en tu nombre, ni la colonización, ni triunfe la ambición de los que quieren cagarse el mundo porque creyeron que podían…

No nos des el pan nuestro de cada día, solamente deja que nos lo ganemos... No nos multipliques los panes y peces, tan sólo ayúdanos a restar la avaricia de entre nosotros...Y no nos libres de la tentación, tan sólo enséñanos a ser compasivos frente al error del otro y reflexivos acerca de nuestra responsabilidad...

Que te ofrecemos la ingenuidad que aun nos queda, que te acobijamos con la esperanza que aun no nos roban, que te enseñamos a jugar con la metra y el trompo, y jugamos contigo al fútbol, como lo hacemos por acá, con un terreno enmontado como cancha, con una cuadrilla de chamos alrededor esperando sus turnos... 

¡Si la historia pudiéramos escribirla! ¡Si los evangelios dependieran de nuestras tintas! Tus bienaventuranzas dirían "bienaventurados los guajiros que aman la tierra y la respetan, bienaventurados los latinos que se atreven a tomar las riendas del porvenir..."

Y si acaso esta oración constituye una ofensa para los que están parados sobre la cómoda cúspide de las teologías convenientes, excluyentes y opresivas, sepan entonces que sus teologías han sido suficiente ofensa desde siempre, pero ya no para siempre…