martes, 19 de marzo de 2013

LUIS EDUARDO AYALA PÁEZ: REGENERACIÓN ES REALIDAD EMULADA Y FANTÁSTICA.


Reseña escrita por Luis Eduardo Ayala Páez.
Escribir es una tarea ardua, compleja y llena de riesgos. Asumir el tiempo y el espacio para desarrollar un entramado mágico, envolvente, en donde brote la vida, es una labor muchas veces complicada. Por ello, lograr la atención del lector es un don sólo para elegidos, porque sólo ellos saben capturar la mirada curiosa de los lectores, motivo por el cual hace que este gozo sea para muchos inalcanzable.

Las novelas generadas en nuestro país en los años 70 marcaron el rumbo de la novelística actual de nuestras letras, afianzaron el panorama, propusieron sus formas y técnicas, lamentablemente llegando a su ocaso en los años 90. Desde allí la novela venezolana ha menguado, mermando en calidad y producción.

Desde ese tiempo son pocos los nombres que sobresalen. Sólo nos podemos quedar con los latidos de un José Balza, resonando con su novela “Percusión”, como lo mejor escrito en esa década. El paisaje actual de la novela escrita en nuestro país es desconcertante.

Sin embargo, como un torrente de vigor y rigor narrativo, sale a la luz la producción novelística de un joven escritor venezolano, Gusmar Sosa.

En su propuesta narrativa la realidad es trastocada, planteando miradas múltiples, llenas de un toque maravilloso, a veces mezclando la luz y la oscuridad, dualidad presente siempre en los acontecimientos diarios.

En esta narrativa se entrecruza la realidad con la inventiva creadora del poder de fabular de Gusmar, produciendo un relato fantástico e insólito, igualmente, verídico.

Yo llamaría al andamio filosófico, narrativo y poético que conforman a ésta, su más reciente novela, “Regeneración”, como una novela de realidad emulada, realidad extraída de un hecho sonoro, que  pasa a ser redimensionado, cubierto y protegido por un halo fantástico.

Roberto, el personaje principal de la novela, es una figura inquietante y enigmática por su don de regenerarse a sí mismo, que lo hace inmune al fuego que se desarrolla en la factoría donde se desenvuelve parte de la historia. Es un personaje humano, que tiene los mismos miedos y culpas que todos sentimos de vez en cuando, que dejándolos a un lado, asume el acto heroico de adentrarse en las llamas y cambiar la situación.  Roberto es un héroe derrotado y de redimido a la vez. 

En “A puertas cerradas”, de Jean-Paul Sartre, un conjunto de personas son sumergidas en un infierno doméstico, hecho que los incita a flagelarse entre ellos, haciendo germinar las pugnas y  los tropiezos. Por el contrario, en la novela de Sosa, sucede lo inverso, el infierno es real, las altas llamas cubren todo, llegan al techo como tentáculos de fuego, propagando un humo denso color piedra, que los ahoga. No obstante, aquí la esencia humana muestra ese don olvidado: la solidaridad, que surge de la fragilidad.

Los personajes de “Regeneración” se despojan de resentimientos y culpas, propiciando entre ellos un sosiego que los ayuda a sobrevivir en el infierno.

En estas contradicciones reales, en estos sobresaltos, “Regeneración” asume un punto de flexión en el ámbito de la novela actual del país, porque se ocupa, sin divertimentos, de un hecho real y lo vuelve la semilla de una gran historia, que no se aleja de su otro aspecto más importante como lo es el hecho de hacer una crítica pondera a muchas de esas contradicciones que desde la realidad impregnan la historia de la novela. Recordando con ello, las teorías estéticas de Georg Lukács, quien en sus ensayos demuestra y hace patente estas dualidades. 

Sosa asume correctamente estas intrincadas y inasibles contracciones, volcándolas con éxito en la trama, al nombrarlas y hacerlas parte de la novela permite elaborar una crítica de las mismas desde la ficción, en esa realidad emulada, llena de vida y elementos enigmáticos, fantásticos.

“Regeneración” es una novela que se yergue como una propuesta literaria interesantísima, que nos hace pensar en la recuperación de lo mejor de nuestra narrativa, trayéndonos una historial original, es una novela que sale del inventiva de su autor, de su prosa ingeniosa, alejada de superfluos y exabruptos, que atrapa y atrae, que nos envuelve poco a poco con su potente historia.

Es una novela que abre nuevos senderos en nuestras letras, que nos anima a confiar en lo que se viene haciendo. “Regeneración”, no sólo es una excelente lectura, es también una novela de un profundo contenido.  Acerquémonos a ella querido lector, adentrémonos en sus páginas, dejemos que la prosa de Sosa nos sumerja en la fascinante historia de “Regeneración”. 

viernes, 8 de marzo de 2013

A ELLA LA LLAMARON ADÚLTERA...


Tal vez se equivocó, puede que sólo buscaba satisfacer su necesidad, nunca lo sabremos con seguridad, pero algo es cierto: a veces nos equivocamos por nuestra desesperación y nos ciega el deseo de encontrar “agua que calme nuestra sed”.

¿Pero quién puede culparla? ¿Quién nos culpa?

A ella la culpa una turba de hombres “perfectos” según los parámetros que ellos construyeron, según las interpretaciones emitidas entre las paredes de sus sinagogas. La llamaron “adúltera” porque aprendieron a cambiar el nombre de quienes no encajan en el sistema. Y la “adúltera” no es una mujer para ellos, es sólo un objeto, es una herramienta que les permite brillar como rectos y estrechar entre ellos sus manos saludando la perfección que otros evidentemente no han alcanzado. Y no sólo es una herramienta, la “adúltera” es mucho más aún: también es carnada.

La obligan a caminar mientras la empujan con desprecio. Allá van, buscando al Cristo para escupirle la perfección en la cara y dejar en sus manos la decisión de qué se debe hacer con la “adúltera”; apuestan a que no es lo suficientemente integro como para emitir el juicio correcto: apedrearla. Y si tienen suerte de obligarlo a emitir el juicio correcto lograrán que su popularidad disminuya.

La caminata cesa. La mujer que fue sorprendida en pleno acto de adulterio va delante, tal vez a empujones. Me detengo a pensar cómo se las arreglaron para encontrarla en pleno adulterio. ¿Habría sido un plan orquestado durante días, semanas, meses? La escogieron a ella de entre la multitud de “pecadores” del pueblo. ¿Por qué a ella? ¿Se interesaron en su historia y en los por qué de su adulterio? ¿Y qué del hombre con quien ella cometió el adulterio? Porque sola no pudo haber cometido el acto. ¿Por qué no lo trajeron a él también?

Quizás había toda una historia detrás de aquel acto, tal vez ella creyó en aquel hombre al que se le entregó. ¿No habría sido engañada con falsas promesas de seducción? ¿Y qué tal si ella estaba segura de que aquel hombre era su amor? ¿No sería ella una mujer con sueños colgados en ese hombre?

Al parecer a nadie le importó pensar en ella, nadie le preguntó nada, ella era la ocasión perfecta para debatir y derribar los argumentos de amor liberal de un carpintero a quien el pueblo ve como un Cristo.

Alguien la toma con brutalidad por el brazo izquierdo y violentamente la lanza hacia adelante, ella cae de rodillas en la arena, el polvo que su brusca caída levanta hiere sus ojos humedecidos por el temor a morir y sus manos son lastimadas por el roce de algunas rocas en la arena. Apenas puede observar los pies de su juez.

La “adúltera” frente al Cristo, los perfectos la acusan y sonríen esperando el veredicto. Tal vez usted conoce la historia, pero ella no, apenas la vive. Cada segundo es una eternidad de agonía tras otra, ella sabe cuán duro es el corazón del hombre, lo sabe porque más de uno la ha herido no con piedras pero si con caricias que se ausentan, con besos que no vuelven, con promesas que no se cumplen, con palabras que se desvanecen como la noche y huyen como el viento. Podría morir apedreada o tal vez sobrevivir, ni siquiera sobrevivir es consuelo, de no morir apedreada tendrá que lucir las marcas del juicio por las calles del pueblo.

Pero el Cristo no defiende las enseñanzas de la sinagoga ni es seducido por la perfección de la turba, al parecer no le interesa la perfección y tampoco mantener con vida un sistema que es capaz de reconciliar conceptos como “piedad y piedras”, que propicia la ocasión para atentar contra el ser humano, que sirve como escenario para juegos de “poder y control”. La mujer quizás ni siquiera escuchó las palabras del Cristo, pero de repente no habían ni perfectos ni piedras a su alrededor.

¿Dónde estaban los que la condenaban?

¿Por qué se marcharon si él sólo pidió que lanzara la primera piedra aquel que está libre de pecados?

De no haber ninguno capaz de lanzar la primera piedra bastaba con soltarlas, pero ¿por qué huyen delante de un hombre que sólo pronunció palabras y de una mujer adúltera que yace indefensa en el suelo?

Es que muchos no pueden permanecer frente al amor, huyen del amor verdadero, huyen de la piedad verdadera, no les interesa practicarla, sólo les interesa ser notables y sino pueden hacer notar la “perfección” que encarnan entonces prefieren huir.

En esta historia encuentro a un Cristo interesado en defender al hombre, disparando en contra de leyes, doctrinas, ideologías que dan pie a la estúpida actitud de superioridad, actitud que hace modelar conceptos como “la fe nos hace fuerte y mejores que el mundo”, actitud que alimenta la idea de un orden de clases, de divisiones dentro de la sociedad, de etiquetas según “logros”, conceptos que en muchas manifestaciones del cristianismo laten con fuerza como si ellos, y no el Cristo, fueran el corazón del cristianismo.

Creo que debemos reflexionar hoy frente al Cristo y aquella mujer a la que insisten en llamar “adúltera”… ¿De qué lado seguiremos? ¿Del lado del Cristo y la mujer? ¿Del lado de la turba de hombres perfectos representantes de un sistema perfecto?

Una vez dije en una reunión con muchos hombres perfectos: “tal vez ser adúltera le permitió conocer al Cristo”. De inmediato sentí las piedras apuntándome, me di cuenta que no soy perfecto y honestamente me gustó más desnudar mi imperfección y no seguir disimulando con disfraces de piedad, aunque eso me convierta en un blanco para apedrear. Yo prefiero ser un adúltero, un hereje, un descarriado, un ateo o cualquier otra cosa y no un defensor o embajador de un sistema que no es capaz de quedarse frente al maestro un minuto más para escucharlo decir “Ni yo te condeno”.

sábado, 2 de marzo de 2013

ENTREVISTA A FRANCISCO JAVIER RUÍZ, AUTOR DE "EL ABRAZO DEL MAR".


He tenido la oportunidad de compartir con él en algunas ocasiones, la primera vez en la ceremonia donde fue bautizada mi novela “Rubia” y también se anunciaba formalmente su victoria en el II Concurso “Por Una Venezuela Literaria”, de Negro Sobre Blanco Grupo Editorial, sello que le permite al autor dar un paso hacia adelante en el estatus de los publicados al hacerse cargo de la impresión y distribución de su obra “El Abrazo del Mar”.  En aquella ceremonia la interacción fue fugaz, pero Richard Sabogal, director de la Editorial,  pudo notar su carácter sombrío, así me lo comentaría días después mientras conversábamos de algunos proyectos. Por mi parte supe que ese señor sabía economizar sus palabras, y en reuniones posteriores lo constaté.

Me enorgullece decir que desde mi inmersión en el mundo de los autores venezolanos emergentes publicados, de la mano de Negro Sobre Blanco Grupo Editorial, que está apostando por talentos literarios noveles, he podido conocer e interactuar con autores de mucho talento que prometen evolucionar hasta lograr encarnarse como referencia de nuestra era en la historia universal de la literatura. Y Francisco Ruíz, quien es en esta oportunidad la voz que responde mis preguntas, es uno de esos talentosos escritores que de seguro inundará las librerías con buenos títulos a partir de su primera obra: "El Abrazo del Mar”.


Gusmar Carleix Sosa: 1. Desde tu óptica paterna como autor de la obra que te permitió dar un paso hacia el estatus de autor publicado, ¿qué es El Abrazo del Mar?
Francisco Javier Ruíz: El Abrazo del Mar no es otra cosa más que el grito de desesperanza de un condenado, una botella con un mensaje de auxilio lanzada al mar por un moribundo que tiene la esperanza de no ser encontrado. Es un recuerdo constante, necesario, terrible y vital.

GCS: 2. ¿Cuáles son los elementos literarios que considerarías son los trazos de tu firma?
FJR: Lo ignoro. Si hablamos de estilo como característica personal o firma tendría que decir que me voy, preferentemente, por la literatura realista, por aquello de la psicología de los personajes en relación a su entorno. Pero no estoy seguro, quien sabe...

GCS: 3. ¿Realmente Marcelo es el personaje principal de "El Abrazo del Mar"?
FJR: Eso es relativo. Para algún lector el personaje central de la historia podria ser aquel con el que se sienta más identificado, pudiera ser cualquiera que refleje su realidad y éste no necesariamente tiene que ser el protagonista o los protagonistas. 

 GCS: 4. ¿Y para ti cuál sería el personaje central?
FJR: No sé si el central pero sí el que me mueve a la compasión y a la misericordia, algo difícil de lograr. Es un ejemplo de amor sin medida y desinteresado: Mercedes, personaje admirable.

GCS: 5. Yo he dicho en las reseñas que he podido escribir que tu obra es de contexto genérico, casi universal, pero ¿cuál fue el contexto que la inspiró?
FJR: No existe un contexto que obedece a una ubicación geográfica, quizá sí de tiempo por algunos elementos en la historia que te pudieran plantar en una época donde no se usaba el teléfono celular ni el internet, por mencionarte esos ejemplos. No me gusta entrar en detalles de lugares o fechas a menos que sea necesario. En las novelas históricas, por ejemplo, es pertinente hacer una descripción en detalle justamente por la naturaleza de la novela, para ubicar al lector y trasladarlo a esa época donde se desarrolla la historia. El otro caso es la crónica, donde el estilo te exige las descripciones de principio a fin. Del resto, me resulta irrelevante mencionar lugar, hora o fecha.

 GCS: 6. ¿Es "El Abrazo del Mar" espejo de tus realidades? Si es así háblame de, al menos, dos realidades tuyas que refleje la obra.
FJR: La pérdida de seres queridos. Mi casi repudio por la raza humana, especie a la que tristemente pertenezco aunque hay más de dos realidades pero dejémoslo hasta ahí.

GCS: 7. ¿Qué otros titulos tienes "debajo de la manga"?
FJR: Creo que se mencionan en los datos biográficos que estan en el libro. Escribo desde hace más de cinco años una novela llamada De Ángeles y Rebeliones, que resultó de una asignación académica y que quisiera culminar. También trabajo en un proyecto al que llamo El Espectro de la Luna, pero la primera está más adelantada que la segunda. Por ahí tengo unos cuentos también pero el cuento no es mi fuerte así que quizá nunca los llegue a publicar. 

GCS: 8. ¿Consideras a algún autor venezolano como influyente en tu estilo?

FJR: Sin duda Rómulo Gallegos aunque no es el mismo estilo pero sí es uno de mis favoritos. Cantaclaro, por mencionarte una de sus obras, es para mí una delicia literaria. Ni hablar de Doña Bárbara. Otro autor venezolano sería Arturo Úslar Pietri. Su novela Las Lanzas Coloradas me marcó. 

GCS: 9. ¿Otros que quisiera recomendar?
FJR: Alejandro Dumas, Ernesto Sábato, Gabriel García Márquez. Og Mandino. Son mis referencias literarias más fuertes.

GCS: 10. ¿Hasta dónde crees que te llevarán las olas de tu deseo literario?
FJR: Ojala me lleven muy lejos pero nunca me hago grandes expectativas con nada en la vida, tal vez por miedo a la decepción. Todo lo bueno que me traiga bien recibido será pero prefiero esperar a que ocurra. Mientras, sigo viviendo mi mortal y aburrida vida.

GCS: 11. ¿Cómo defines tu carácter? ¿Sientes que está plasmado tu carácter en ésta primera obra?
FJR: Toda la obra habla a gritos del autor. Soy bastante melancólico y creo que la novela lo refleja. También confieso que hay algo de soberbia y pesimismo, defectos de los cuales no me enorgullezco en lo absoluto.

GCS: 12. Si tuvieras la oportunidad de escribir de nuevo "El Abrazo del Mar", ¿qué omitirías y qué agregarías?
FJR: Todos los días me arrepiento de haberla escrito (jajajajajajajajaja), tal vez porque me expone demasiado. También me ocurre que cada vez que le echo un vistazo encuentro detalles que me gustaría omitir, más que agregar. Creo que eso es normal, uno nunca queda conforme, no sé si sea bueno o malo.

Y por ahora esto es todo, éxito para Francisco Javier Ruíz.

viernes, 1 de marzo de 2013

JUGADAS.


Ella se esconde de a ratos, y juega conmigo.
Juega a que está allí intocable, invisible.
Deseable y soñada, por mí que no me rindo.
Y me extiendo sin atender mi cansancio y me enredo sin darme cuenta, porque no me importa si me canso, porque no tengo identidad si no la encuentro.

Y ella sonríe, yo lo sé. Porque le es inevitable, porque ella es sonrisa que observa.
Contempla mi ansiedad que yo le ofrendo transformada en promesas, y en cada una se van mis años, rendidos, soñando.

Es vida y yo agonizo, tal vez la encuentre en mi muerte y junto a ella renazca, quizás sea mi historia esperando, extendiendo su mano, ofreciéndome un mito.

Su mirada esconde el veneno que puede sumergirme en paz, yo lo sé. Porque me ha alcanzado en sueños, y me acaricia dejando en mi memoria trampas inmortales, donde nacen fantasmas y tormentas se alzan. Yo despierto creyéndola a ella, con la convicción de su existencia, con mis sentidos atentos para el encuentro…

Un día naceré tan cerca de ella que iniciaré el juego, un día seré espejismo en su memoria, que se materializa, que es encontrado…

martes, 26 de febrero de 2013

RESEÑA DE "AZUL LEJANO".


Azul Lejano nos invita a comprender la totalidad de ser. Sí, nos permite reflexionar en lo complejo que es existir y en la complejidad misma que emerge de lo existente. Nos desafía a entendernos uno entre todos y extendernos como uno entre todos.

“Soy tanto aquél como yo mismo/y me voy sintiendo en lo que sé y desconozco”.

Es para mí el verso inicial de la obra de Luis Eduardo Ayala Páez. Es el que nos introduce en el paisaje amplio y centrado que dibuja la tinta del autor. Desde ese momento puede percibirse que Ayala encarna sus letras y pasea a través de ellas por todas las páginas en las que la tinta mancha de melancolía y sed de sabiduría. Y es esa sed la que desborda agonía y se encarna en los versos, es la imagen central, e incluso el tono, que oscurece de azul el cielo y se extiende desde el aquí y ahora hasta el horizonte vislumbrado.

“Son pocas las cosas que bajo/este cielo galáctico están colocadas en su lugar.”

La sed muta y se hace denuncia y crítica, reclamo y deseo. Cada elemento se mezcla en una voz escrita, y el azul va trascendiendo, convirtiéndose también en lienzo. La mirada del autor recoge lo obvio para transformarlo en imágenes y expresiones. Así nos convoca a detenernos para contemplar a través de él.
“Ni el vuelo de mis pensamientos/hace crujir el viento…”

Puede palparse la serenidad de quien no se resigna pero se entrega, de quien se viste de vida para hacer un hilo. Nos deja pistas para seguir, migas en el camino para ir comprendiendo la reflexión del autor, nos permite jugar con lo intangible, tocarlo.

Encarnación es la palabra que paseaba por mi mente mientras me sumergía en el Azul Lejano. Podemos encarnar lo intangible y ser vehículo de los deseos, así ser cielo y mar, ser horizonte y amanecer. Somos escenarios y somos elementos que invaden, podemos situarnos en cada dinámica que le da sentido a la existencia.

Azul Lejano es la primera entrega de Luis Eduardo Ayala Páez, que no es un poeta ingenuo y tampoco podría llamarlo novato. Es un joven artista, que sabe hacer uso de las letras y componer con ellas una obra universal, que nos toca a todos por igual, que puede despertar la consciencia de la memoria olvidada, que se contextualiza desde quien la mira invadiendo desde la mirada hasta encarnar, su obra produce una simbiosis nada estéril, es fructífera y el sabor de sus frutos depende de la mirada encarnada.

La metáfora en la voz escrita de Ayala es víctima de su sed. Y su habilidad nos va llevando al que, según percibo yo, es su verso central, el estallido de su obra:

“En ese mundo no hay cielos, /sin embargo llueve.”

El recorrido hasta ese verso nos permite comprender la cosmovisión plasmada en esas dos líneas, el ser sediento, repleto de anécdotas, da a luz las quejas que desafían lo ya vivido reflejando la no aceptación de lo aceptado, la rebelión en contra de lo que está establecido para pronunciar las quejas que reclaman una nueva construcción. La descripción en las manos de Ayala no es una renuncia tímida, es mucho más que eso, es la apertura a nuevos dibujos. Ayala es un filósofo que desborda en poesía sus pensamientos.

A partir de ese verso el tono se hace más violento, el movimiento más perceptible, es como si el autor ha dejado escapar esa bestia filosófica que esperó su momento para danzar. Incluso las imágenes cambian, hasta el momento el autor hace uso del viento, el universo y la galaxia. Su obra evoluciona y cambia de color, como si lo lejano excitara su ira y su ira se expresara en pasión, así nos entrega el fuego, el vacío y la sombra. Y mezcla los elementos de sus primeros versos con estos últimos para presentar un derroche de fuerza filosófica plasmada como poesía que dibuja. Ayala se desdobla a través de las páginas hasta entregarnos su final…

“Persisto siendo ellos, /los que perdí.”

Cuando culminé la lectura de esta obra de arte me vi arropado por una serie de reflexiones sobre mis pasos andados hasta ahora. Fue una grata experiencia, y no puedo dejar de invitarles a que adquieran “Azul Lejano” y contemplen desde el azul la lejanía hasta sentir cómo se alían estos dos elementos al final de la lectura.

lunes, 25 de febrero de 2013

RESEÑA DE "VERSOS HÚMEDOS".


Versos Húmedos, de Miky Poche, no puede reducirse a “poesía erótica”, o podría decir: versos húmedos redime la poesía erótica frente a aquellos que la asumen con prejuicios y piensan que erotismo es lujuria no razonada o lascivia sin sentido. Yo tomé mi ejemplar y al ver el arte (dibujado por la hija de la autora) me ubiqué dentro del libro pensando “voy a ver el mundo desde sus páginas a través de la ventana que amenaza con la realidad”. ¡No me equivoqué!

Mi ejemplar está dedicado, ella me advierte “disfruta la humedad de mis versos”, pero me llamó la atención que la dedicatoria impresa en el ejemplar dice “al universo y toda creación”, al instante pensé que la obra en mis manos podría arrojar un grado profundo y humano de espiritualidad, y nuevamente acerté. Pasear a través de los laberintos de Versos Húmedos es encontrar la humanidad real, esa que solemos esconder entre la piel y la sangre, que pide a gritos libertad para volcarse en contra de la pasividad con la que hemos disfrazado nuestras alegrías; es comprender que la espiritualidad es consciencia de lo que somos, deseamos y consumimos. La obra es madura, adulta, elevada. Es un susurro de alguien que no le teme a la vida y está dispuesta a vivirla sin permitirse el egoísmo de no compartir su secreto.

Versos Húmedos desnuda nuestras apariencias hasta el punto en que las percibimos como ficción y nos preguntamos cómo hemos olvidado que somos pasión y fuerza. Nos conduce hacia el auto descubrimiento, nos seduce con un erotismo nada mágico ni ficticio, la palabra de Miky es la encarnación de lo que tal vez fuimos alguna vez y decidimos reprimir. El verdadero yo emana irremediablemente a través de la lectura…

“Quiero nombrarte hoy/Nombrar tu misterio/tu verdad/tu nombre…” (Página 20).

Son versos como ese los que me hace pensar que la autora entiende que el erotismo es también espiritualidad, es expresión de la agonía consciente, es desahogo de la búsqueda que no termina, que impulsa al ser humano a mantenerse atento y expectante. Ella mezcla la agonía con la sexualidad, elevando la sexualidad o más bien restaurándola, dándole el lugar que siempre ha debido tener, su verbo invita a despojarnos de la vergüenza que nos impide aceptarnos y contemplarnos ansiosos de placer, de vida buena, de vida grata, nos invita a desear ser dueños.

Su poesía arroja nuevos conceptos, innova y propone. También derriba para construir, desafiando las figuras establecidas como incuestionables por el tiempo…

“si así lo haces/sumisa/a tus pies me arrodillaré/y serás el único dios que adoraré…”

Me seduce su irreverencia, su pasión y elevada consciencia de sí misma, me atrae su percepción acerca de la realidad, su constante invocación a la humedad.

Versos Húmedos es una obra con personalidad, es la creación de una diosa: la diosa del erotismo. Es el reflejo de una entidad espiritual que exalta la pasión y que nos invita a mirar desde la pasión. Es mi deber invitarles a adquirir la obra y deleitarse con la humedad que emana desde la tinta erótica.

domingo, 17 de febrero de 2013

DIOS ENTRE NOSOTROS.


Siempre que leo o escucho a alguien decir “Dios es” recuerdo mi posición hace ya catorce años respecto al tema. Fui criado en un ambiente donde “Dios” ya estaba conceptualizado y era tantas cosas que no había espacio para una búsqueda ni para una mirada desde lo personal, a pesar de que se hablaba de un Dios personal no había chance para hacerlo propio.

Hoy “Dios sigue siendo”, y su existencia parece que ya no va dependiendo de los conceptos establecidos por los que vociferan ser los portavoces oficiales, vamos emergiendo generando escenarios que permiten planteamientos nuevos, perspectivas nuevas, y que aparentemente no pretenden controlar lo que Dios es. Pero algo debemos tener claro: Dios seguirá siendo lo que nuestras construcciones apunten. Inevitablemente cada era se hará su imagen, o imágenes, y cada imagen será bandera y cada bandera excitará los ánimos de unos y la sumisión de otros.

¿Qué podemos hacer para que la dinámica sea productiva en términos de “reconciliación”?

Creo que el asunto va más allá del afán de definir a “Dios”, pienso que el teólogo de hoy debe asumir un reto y “manchar” su rol con un desempeño inclinado hacia el afán de la construcción de estructuras débiles que sirvan de bases para los escenarios que emergen y creo que “Dios” podría ser mucho más que un instrumento para el control a través de los sistemas religiosos, “Dios” podría ser la plataforma sobre la cual puedan construirse esas estructuras débiles.

Si insistimos en decir que “Dios está entre nosotros”, si vamos a seguir afanados en dibujar su imagen con nuestros postulados, doctrinas, “anti-doctrinas”, filosofías, deconstrucciones, incluso con nuestros multiformes ateísmos… ¿por qué no dibujarlo para todos? ¿Por qué no hacerlo útil a todos? ¿Por qué no presentarlo como un camino extendido hacia un horizonte donde el porvenir es libertad y búsqueda? ¿Por qué no sembrar en el alma de nuestra era como carácter y condición natural el derecho al acercamiento a la idea de “Dios” desde una verdadera perspectiva personal sin que el resultado de la búsqueda genere prejuicios y señalamientos? ¿Por qué no apuntar en contra de las “estructuras fuertes” con las que intentan posicionarse los diferentes sistemas religiosos y monopolizar la idea de Dios a conveniencia exclusiva?

El Dios cristiano es exclusivo, le pertenece a los cristianos mientras el cristianismo dice pertenecerle a él, pero la verdad es que es un instrumento ideológico que le ha permitido posicionarse y en la actualidad ese “mal uso” de “Dios” nos arroja consecuencias negativas frente al deseo de la construcción de un mejor aparato social, la exclusividad de Dios es, a mí parecer, “la madre de los elementos” de la imagen tradicional de la divinidad y por lo tanto lo primero que debemos rechazar si en verdad deseamos ir a tono con la libertad pregonada por el Cristo cuando “tomando a Dios como su instrumento” se afanó por “tocar a todos”.

Ahora, ¿podrá hablarse de aceptación sin aceptar la imagen de Dios trazada por el cristianismo que hemos heredado? ¿Podrá hablarse de pluralidad cuando no se está dispuesto a tolerar la existencia de dogmas y doctrinas opresivas? O de una forma más personal, ¿cómo hablo de aceptación si no estoy dispuesto a aceptar los elementos que reflejan la imagen de Dios construida por el cristianismo o cualquier otro sistema religioso? ¿Cómo hablo de tolerancia si no estoy dispuesto a “tolerar” a quienes encarnan las posiciones dogmáticas y pregonan doctrinas opresivas y apunto constantemente en contra de ellos?

Creo que la necesidad de un nuevo génesis de Dios debe impulsarnos en primer lugar a apuntar en contra de las semillas que germinando constantemente en términos de control y opresión no permiten espacio para las “estructuras débiles” que no garantizan la trascendencia de un sistema pero sí la libertad de búsqueda y la renovación constante de los elementos con los que se caracteriza la idea de Dios. Por lo tanto, no se pueden aceptar aquellos elementos que atentan contra un posible mejor escenario, ellos deben mutar; así, sí  queremos aceptar el dogmatismo como un carácter de un nuevo escenario habrá que darle una utilidad acorde al bienestar y al afán de “renovación constante”, es decir, cambiar su intención y finalidad, lo mismo con la utilidad de las doctrinas y todos esos caracteres que durante siglos ha emanado el cristianismo. Entonces podremos darle una mejor significancia al Dios  entre nosotros.

Finalmente quiero dejarles esto que escribí hace ya casi un año, como un llamado a reflexión respecto a la imagen impuesta por los sistemas religiosos sobre “Dios” y las distintas imágenes que podrían representarlo:

¿Y si Dios es duda y oscuridad? ¿Y si él es silencio y soledad? ¿Y si Dios es valle de sombra y no sólo la compañía en el valle? ¿Y si Dios es sed? Esa misma que habló en la cruz, ese "tengo sed" que agonizaba. ¿Y si Dios es debilidad? Esa de la que hablan algunos solamente para intentar resaltarse.

¿Y si Dios es la sonrisa de la abuela que sigue viva alimentándose de tus logros y con orgullo hace de tu esfuerzo un mito entre sus compañeras mientras juegan bingo? ¿Y si Dios es la hermosa mirada de tu hijo de siete años, cuando te ve llegar ignorando que con impotencia y frustración te limitas al régimen de visita impuesto por el Estado tras tu divorcio? ¿Y si Dios también es el suspiro de la mujer que amas cuando te ve llegar? ¿Y si es el abrazo de tus padres cuando después de largos meses vuelves al pueblo?

¿Y si Dios es esa sonrisa que se te escapa un viernes por la noche cuando estás reunido con tus amigos compartiendo una pizza mientras ven una película? ¿Y si Dios es ese saludo tímido que arrojas al otro lado de la calle y que es correspondido por ella? ¿Y si Dios es ese "todo estará bien" que pronuncia tu amigo, ese "todo estará bien" tímido e inseguro pero deseado y necesitado? ¿Y si es la tranquilidad que sientes cuando es pronunciado aunque esa tranquilidad dure sólo un segundo? ¿Y si Dios es ese "te amo" que cuando lo pronuncia ella hace que la oscuridad y la luz sea un mismo elemento en los atardeceres? ¿Y si Dios es el llanto de tu hijo que recién nacido se anuncia en tu existencia?

¿Y si Dios es el abrazo de tu hijo menor, de cinco años, que un lunes en la noche te redime de todas tus culpas? ¿Y si es ese segundo que disfrutas tomando la mano de la chica que amas? ¿Y si es la espera mientras se acerca el momento que tanto soñaste? ¿Y si Dios es ese mate que compartes con tus amigos un sábado en la tarde? ¿Y si es el café que te tomas a las seis de la mañana antes de salir al trabajo mientras piensas que todo está mejorando?

¿Y si Dios es esa alegría que resplandece con vida propia cuando estás conversando con alguien que apenas conoces y te das cuenta que han recorrido las mismas veredas, sin coincidir, hasta llegar a un mismo escenario? ¿Y si Dios la melancolía que susurra en tu alma un "pronto llegarás a tu hogar"? ¿Y si Dios es esa sed de hogar y el sentimiento de peregrino que te impulsa a seguir caminando?

¿Y si Dios es un dibujo torpemente trazado por tu hija de seis años con el que intenta reflejar cómo te percibe y te siente a su lado? ¿Y si Dios es esa pregunta de tu amigo ateo que te desestabiliza y te hace pensar que tal vez Dios no es como piensas? ¿Y si Dios es la primera lluvia de mayo, esa que cae justo cuando llegas al pueblo de tu niñez después de meses de ausencia? ¿Y si Dios es ese soplo que apuntas contra las velas del pastel de cumpleaños, soplo que esparces con felicidad porque están todos tus amigos y toda tu familia a tu alrededor?

¿Imagina usted un sistema que se apoye en estas débiles figuras acerca de un Dios? Sin duda, no sería un sistema sino un escenario, y la fe sería entonces un clamor silencioso carente de orgullo...